Carta al Ayuntamiento de Nájera

La A.C.T. Fernando III el Santo envió recientemente esta carta a la concejala de cultura del Ayuntamiento de Nájera, aclarando los errores que actualmente se manifiestan en la representación que con motivo de la coronación de Fernando III el Santo como Rey de Castilla ,se celebra anualmente en Nájera.




A la atención de la señora María José Barco Pascual, concejala de Cultura y Educación del Ayuntamiento de Nájera


   Apreciada señora, me dirijo a Vd. con el fin de exponerle desde la A.C.T. Fernando III el Santo nuestra absoluta disconformidad con parte del discurso expresado, tanto en el “pregón del primero de mayo”, que usted misma leyó, como en la “escenificación medieval de la proclamación de Fernando III el Santo”, escrita por Don Jaime Albelda, ya que en buena parte no se ajustan a la realidad histórica, en lo referido a los acontecimientos y fechas que se sucedieron entorno a la coronación de Fernando III el Santo, como rey de Castilla en Nájera, en el año 1218.

  Antes de pasar a explicarle como sucedieron los hechos que se relatan, realmente, quisiera transmitir nuestra enhorabuena, pues es digno de ver, como en Nájera mantienen el  recuerdo de la coronación del Rey Fernando III el Santo, en un ambiente de orgullo e  implicación que se transmite a los visitantes. Más esto no quita, que los hechos que se narran, no se ajustan a la realidad.

Brevemente, hago un pequeño resumen de cómo se sucedieron los hechos:

 Tras la muerte de rey Alfonso VIII en el año 1214, la corona de Castilla es heredada por  Enrique I el “niño”, que apenas contaba con diez años de edad. Tras una breve regencia de su hermana mayor Doña Berenguela, parte de la nobleza, dirigida por los belicosos condes de Lara, conspiró para hacerse con el control del rey niño. Se sabe que en abril de 1215, los Lara ya detentaban el control sobre el rey, y que Doña Berenguela, acompañada de su hermana Leonor y un grupo de fieles se retiró a la localidad palentina de Autillo de Campos, que pertenecía al “mayoromo real” Don Gonzalo Ruiz Girón.
Así transcurrió el tiempo, con querellas y disputas permanentes entre  los partidarios de Doña Berenguela y los de los Lara, hasta que en la primavera de 1217, estalló la guerra civil entre las dos facciones. Las tropas del rey, atacaron las fortalezas de los partidarios de Doña Berenguela, entre los que se encontraban además del nombrado Gonzalo Ruiz Girón; Diego López de Haro y los hermanos Alfonso y Suero Téllez de Meneses. Durante el cerco a la fortaleza de Autillo, ocurrió que jugando al tejo en el alcázar episcopal de Palencia, en la mañana del veintisiete de mayo, uno de los servidores reales, de la familia de los Mendoza, derribó una teja con tan mala fortuna que dio de lleno en la cabeza del rey Enrique I, siendo de tal gravedad esta lesión que, no obstante la intervención de los físicos reales, le sobrevino la muerte el seis de junio de 1217.
Enterada Doña Berenguela de esto, mandó que fuese a Autillo a su hijo Fernando que se encontraba junto a su padre Alfonso IX de León en la ciudad de Toro, con el fin de socorrerla del acoso de los Lara, que aún guardaban el cadáver del Rey sin reconocer su muerte. Enterados los Lara de la llegada del infante Fernando, levantaron el cerco a mediados de junio, y se retiraron a sus territorios de Toledo.
Llegados a este punto, y ante el hecho de que Doña Berenguela era la nueva Reina de Castilla, relato como fue la abdicación y posterior  proclamación que se produjo en la localidad palentina de Autillo de Campos del infante Fernando, como rey de Castilla. Y para ello la transcribo tal como nos cuenta la Crónica General:

En la llanura que se hacía fuera del recinto amurallado del castillo, alzábase solitario un olmo corpulento y frondoso. A la sombra de sus ramas quiso Doña Berenguela que fuese levantado el sólito cadalso para verificar la sencilla ceremonia de la publicación real. Morisca alfombra cubría el entablado, sobre la cual quedaron dispuestos dos ricos sitiales para la Reina y su joven heredero. Alrededor estaban prelados y magnates. Eran aquellos los obispos Don Tello de Palencia y Don Mauricio de Burgos; figuraban entre estos Don Gonzalo Ruiz, Don Lope Díaz, Don Alfonso y Don Suero Téllez de Meneses, Don Fernando Suárez y algunos otros. Gentes de armas, a caballo o de pie, rodeaban el tabladillo, circuídas a su vez por grupos de pecheros llegados de Frechilla, Fuentes y Castromocho. Con toda sencillez, ordenó Doña Berenguela que tremolaran pendones y fuese dado el grito acostumbrado, cuando se alzaba nuevo Rey, a favor de su heredero el príncipe Fernando. “Et allí luego en Otiello” _dice la “Crónica general”_ le alçaron Rey et llamaron con él ¡Real!”.

 Tras la proclamación, y tras pasar por Palencia, la comitiva real se desplazó hasta Valladolid, donde el dos de julio de 1217, Fernando III el Santo fue reconocido como rey de Castilla por las cortes del Reino. Y la primavera siguiente, el primero de mayo de 1218, como bien recuerda el monolito que se encuentra en su localidad, Fernando III el Santo fue coronado como manda la tradición en Nájera, aunque ya era Rey de facto desde el catorce de junio de 1217.

Con todo esto, creemos demostrar suficientemente, que es materialmente imposible que Fernando III el Santo fuese coronado en Nájera el uno de mayo de 1217, y por supuesto no lo fue como dice la escenificación de Don Jaime Albelda, que atribuye a los hechos de Nájera, los que en realidad ocurrieron en Autillo de Campos.

Por ello, la pedimos a usted, como concejal de cultura de Nájera, que mantengan por muchos años tan  bella tradición en la que se recuerda la coronación de San Fernando, pero que indaguen como fueron los hechos que en Nájera se produjeron, y que cuanto menos, modifiquen la fecha de la coronación, que como ha quedado demostrado fue uno de mayo de 1218 y no en 1217.

23/05/2013
Luis Carlón Sjovall
Presidente A.C.T. Fernando III el Santo

Guillermo Rocafort en Palencia con la ACT Fernando III el Santo


Durante los días siete y ocho de junio, contaremos en Palencia con el conocido escritor Guillermo Rocafort. El viernes siete, Rocafort nos impartirá una conferencia a la cual se puede apuntar todo aquel que esté interesado. Dicha conferencia, que tratará sobre la participación de tropas almogávares en los ejércitos de Fernando III el Santo, será impartida dentro del ciclo cenas-conferencia que ha iniciado la ACT Fernando III el Santo durante el presente año. Para acudir a la cena-conferencia, se ruega ponerse en contacto con nosotros con cierta antelación por medio de nuestro correo electrónico; actfernandoiiielsanto@yahoo.es

El sábado ocho de junio, Guillermo Rocafort presentará su novela “Enigmas y Misterios de los Almogávares” en la librería Iglesias de Palencia a las doce del mediodía. Después de la presentación, Guillermo firmará sus libros a todos aquellos que se acerquen hasta la librería.


  “Enigmas y misterios de los Almogávares” es el estudio más completo, novedoso y provocador escrito sobre la temática “Almogávar” en el último Siglo.

  Es una enmienda a la totalidad de las tesis “oficialistas” que han usurpado una Historia que pertenece al conjunto no sólo de España, sino también de Portugal y nuestras respectivas expansiones extrapeninsulares e imperiales. Estamos ante una réplica respetuosa y sólidamente fundamentada a los estudios publicados en el siglo XIX por Antonio Rubió y Lluch.

  Con este libro, los Almogávares, la primera línea de combate de los Reinos Cristianos durante la Reconquista, son retratados por Guillermo Rocafort tal y como fueron, mezclando lo académico y divulgativo con una habilidad sorprendente, limpiando los barnices de las intencionalidades políticas torticeras y mostrando unos resultados que abrirán nuevas interpretaciones historiográficas de un pasado muy desconocido en la actualidad sobre el que se sustentó la Gloria y Grandeza de España y Portugal.

  El protagonista es indudablemente el “Almogávar” en estado puro; el combatiente, el guerrillero, el reconquistador y repoblador, el forjador de una Nación que eclosionó en Imperio, el que después de largos siglos acabó siendo arrinconado y silenciado por la maledicencia y el complejo histórico de los que abominan cobardemente de su pasado.

  Conoceremos su papel en la Reconquista de Castilla y Portugal, en nuestra expansión insular y africana, en Sicilia, en la conquista de América, en nuestra presencia en Grecia y en los vestigios que aquel Pasado tiene aún en nuestro Presente, en especial en las Fuerzas Armadas Españolas, y que sin duda tendrán en el Futuro. Se romperán mitos unánimemente aceptados y se evidenciaran realidades que no dejaran neutrales a nadie.

  Guillermo Rocafort demuestra con este libro que ha vivido y combatido entre Almogávares, y no sólo en la Legión donde sirvió a España, sino más especialmente en sus largos y tortuosos estudios e investigaciones sobre el particular.

  Para escribir sobre soldados es de gran ayuda haber sido previamente un soldado, y el autor de este libro se ha convertido, por meritos propios y el “ius sanguinis” y ante la indignación de los políticamente correctos, en el cronista que los Almogávares que no tuvieron en su momento y que los rehabilitará en la Historia.

Libro, "Nuestra Señora en el Arzón"



 La Obra “El Pan de lo Pobres”, ha reeditado el libro “Nuestra Señora en el Arzón”, escrito por la hermana María del Carmen Fernández de Castro y Cabeza a finales de los años cuarenta.
Por ser una obra imprescindible para el conocimiento de la figura de San Fernando, y teniendo en cuenta la dificultad para conseguir ediciones originales, ponemos a disposición de quien pueda estar interesado la dirección de esta obra, adscrita a la Sociedad de San Vicente de Paul en España.

IX Centenario del primer Concilio de Palencia




  La muerte de un rey siempre crea incógnitas, estas tienen que ver con la falta de certeza de cómo será la nueva era que traerá el próximo soberano. Y si el rey fallecido es de la talla de Alfonso VI de León y Castilla, y a ello añadimos que no dejó heredero varón, esas incógnitas se recrudecen especialmente.

  El hecho es que, el Rey Alfonso, ideó un plan testamentario que a punto estuvo de cuajar en la definitiva unidad de los Reinos Hispánicos. Casó a su hija mayor, Urraca, primera reina del Occidente Cristiano, con el Rey Alfonso I el Batallador, consiguiendo de esta manera unificar los reinos de León, Castilla, Navarra y Aragón, además de los condados de Sobrarbe y Ribagorza. Para que este plan tuviese éxito, de este matrimonio debía nacer un heredero que bajo su corona unificase todos los reinos.

  Desde un primer momento, este matrimonio estuvo plagado de desacuerdos y traiciones mutuas entre los soberanos, que afectaron sobre todo al territorio leonés. El Reino vivió una época belicosa que fluctuaba con las idas y venidas de sus reyes, que hasta en cuatro ocasiones se separaron y reconciliaron, mediando durante estos años encarcelamientos de ambos reyes a manos de sus consortes, guerras y separaciones territoriales.

  Las principales causas de estos problemas, las tenemos que buscar en las diferentes formas de entender la política del momento, pues mientras Alfonso pretendía reforzar la libertad de las villas y ciudades, apoyado por la pequeña nobleza, Urraca defendía el viejo orden feudal leonés apoyado por los grandes magnates. Además estaba el tema religioso, pues la Iglesia de Aragón y la de León tenían notables diferencias, siendo la principal que mientras el obispado toledano tenía autonomía como primado de España, Aragón dependía directamente de Roma.

  Así las cosas, los obispos Gelmírez de Santiago y Bernardo de Toledo, acordaron realizar un concilio que tratase de arreglar los problemas del reino. Este tuvo lugar en Palencia el 26 de octubre de 1113, y en él parece que se acordó entre otras cuestiones la nulidad del matrimonio de Urraca y Alfonso, alegando la consanguinidad de los monarcas.

  Tendríamos que esperar algo más de cuatro siglos, para ver un rey que uniese todas las tierras de España bajo la misma corona, más quede aquí el recuerdo en su “Noveno Centenario” al primer Concilio que se celebró en Palencia, al que seguirían muchos más tanto en el siglo XII como en el XIII, dando constancia de la importancia que tuvo nuestra tierra en aquellos gloriosos siglos.

26/04/2013
Luis Carlón Sjovall
A.C.T. Fernando III el Santo

¿Festividad de Castilla y León?



Un año más, desde la ACT Fernando III el Santo manifestamos nuestro rotundo rechazo a que el aniversario del ajusticiamiento de los “comuneros” sea la fiesta de Castilla y León. Una fiesta, que un año más se volverá a mostrar lejana a la gran mayoría de los castellano-leoneses, que no pueden entender como un mito creado hace poco más de un siglo, en el que se ensalza la traición de unos pocos nobles castellanos a su rey, pueda ser considerado símbolo en una tierra de tan glorioso y noble pasado como es la nuestra.
Cuando a finales del S. XIX se extendieron por España los ideales regionalistas y nacionalistas, Castilla no fue inmune a ello, y se rescató del olvido la traición comunera como símbolo de estas corrientes, que a su vez, fueron recogidas posteriormente por independentistas y extremistas de izquierda a mediados de los años setenta del siglo pasado. Lo grave no es que estas minorías conmemoren esta efeméride, sino que los grandes partidos que representan a la mayoría de los castellano-leoneses, nos hayan obligado a comulgar con ella, a pesar de que año tras año Villalar se convierte en una especie de “aquelarre” radical con el que poco o nada nos identificamos los que de verdad queremos a nuestra tierra. Desde aquí, un año más, pedimos que se elija una fecha más apropiada para la festividad de la Comunidad de Castilla y León, proponiendo desde nuestra Asociación el dos de diciembre, fecha en la que los Reinos de Castilla y León se unieron definitivamente en el año 1230 bajo el reinado de Fernando III el Santo.

               ACT Fernando III el Santo


Museo de la Policía Nacional en Palencia





El proyecto de creación en la antigua cárcel de Palencia del “Centro Histórico del Cuerpo Nacional de Policía, Rafael del Río”, ha puesto nuevamente de manifiesto el sectarismo del partido socialista palentino, junto con demás partidos y asociaciones de izquierda, cuando no de extrema izquierda. No contentos con haber hecho y desecho sin considerar la opinión de gran parte de los palentinos durante sus casi veinte años de gobierno municipal, ahora se agarran a la presunta falta de apoyo popular a un proyecto, que no solo daría puestos de trabajo a nuestra ciudad, sino que además sería un excelente motivo para ser visitada. Para colmo de esperpento sectario, pretenden que el edificio (un supuesto centro cultural) lleve el nombre de Miguel Hernández, poeta que nada tiene que ver con Palencia, aunque parece que ciertos políticos locales consideran que por haber estado aquí encarcelado y ser un reconocido “izquierdista” ya debe ser honrado por Palencia. Dicho esto, la ACT Fernando III el Santo, constituida por palentinos independientes de partidos políticos, y con el simple ánimo que nos da el amor que sentimos por nuestra tierra, apoyamos la creación del “Centro Histórico del Cuerpo Nacional de Policía” en Palencia.

Sí a la Vida, Palencia 2013





Un año más, la ACT Fernando III el Santo se suma a los actos en favor de la Vida que se desarrollarán en toda España. En Palencia se celebrará una concentración en la Plaza Mayor el sábado 6 de abril a las doce del mediodía.
Desde aquí, animamos a todos los socios y amigos a que acudan a tan necesaria concentración, ya sea en Palencia o en cualquiera de las otras ciudades en que se celebren concentraciones.

http://sialavida25m.org/concentraciones/

Ponce de León, quinientos años después


Melbourne es una ciudad localizada en el centro de la costa oriental de la península de Florida. Según el censo del año 2010, tiene una población de 76.000 habitantes, un tamaño muy similar al de Palencia. Para que los lectores la sitúen correctamente, se encuentra a una hora en coche del “Centro Espacial Kennedy” en Cabo Cañaveral; y muy próxima también a “Disney World”, en Orlando. Pese a que no hay consenso entre los historiadores sobre el sitio exacto, lo más probable es que, hace hoy quinientos años, Juan Ponce de León desembarcase en una de sus playas. No es un acontecimiento baladí, considerando que fue el primer europeo que puso el pie en Estados Unidos. ¡Y era palentino!




            Del mar de Campos al mar Caribe.

Aunque el municipio de Santervás de Campos se encuentre hoy en día adscrito políticamente a la provincia de Valladolid, en el siglo XV estaba estrechamente ligado a la diócesis de Palencia. Fue en esa época, concretamente en 1460, cuando nació allí Ponce de León. Siendo muy joven fue designado paje de Fernando el Católico; y años después, formando parte de su séquito, participó también en la conquista de Granada. Una vez concluida la gesta peninsular, tras recibir noticias de los ricos descubrimientos realizados por Cristóbal Colón al otro lado del océano, decidió enrolarse en 1493 junto al almirante, dispuesto por aquel entonces a iniciar su segundo viaje. Mil quinientos hombres en busca de gloria y fortuna acompañaron al genovés en esa nueva travesía hacia América.  
Ya en las Indias, sus hazañas comenzaron a sucederse, siendo destacable su intervención en la conquista de la isla de La Española (hoy en día dividida entre la República Dominicana y Haití). Debido a sus éxitos militares, fue nombrado gobernador de la provincia de Higüey. Parece ser que allí hizo una considerable fortuna vendiendo  pan de mandioca a las tripulaciones que recalaban en su encomienda. Además, también le dieron autorización para desplazarse hasta la cercana isla de San Juan (actual Puerto Rico) al mando de cuarenta y dos potenciales colonos y ocho marineros. La respuesta de los indios taínos que allí vivían no fue pacífica, por lo que tuvo que afrontar bastantes escaramuzas antes de pacificar la isla por completo.
Los problemas no dejaban de sucederse. Conforme la colonización iba progresando, el rey le concedió el cargo interino de adelantado de San Juan a nuestro paisano. Aquello provocó un conflicto con Diego Colón, que reclamó para sí todos los derechos concedidos a su padre, el almirante Cristóbal Colón. Los tribunales no tuvieron más remedio que darle la razón en perjuicio del terracampino.
Al ser relegado por la justicia, Ponce se sintió ofendido y prefirió cambiar de aires. Con la idea de alejarse lo más posible, obtuvo la concesión para explorar las islas al norte de Cuba. En marzo de 1513 partió con dos carabelas y un bergantín fletados de su propio bolsillo, navegando hacia el norte más allá de las Bahamas. Y el 2 de abril de 1513 tomó tierra cerca de la actual Melbourne, momento en el que reclamó formalmente esos territorios para la corona española.

Una expedición pionera con un objetivo oculto.

El viaje emprendido por Juan Ponce de León tenía como objetivo prioritario colonizar las islas Bimini. Hoy en día se denomina de ese mismo modo al distrito constituido por las islas más occidentales de las Bahamas (a 81 kilómetros de la ciudad de Miami). Sin embargo, nuestro paisano rebasó ese archipiélago y siguió su travesía hacia el norte porque, junto con unas tierras para explotar, buscaba algo más que no está del todo claro. La leyenda extendida por Pedro Mártir de Anglería, un cronista coetáneo de origen italiano que formaba parte del Consejo de Indias, explica que el intrépido Ponce realmente andaba tras la mítica “fuente de la juventud”, un manantial en el que todo hombre viejo que se sumergiese se convertiría en niño.
Fuese aquella mágica fuente o cualquier otro prodigio, la previsión era realizar un hallazgo importante. Además de los marineros encargados de gobernar las naves, también le acompañaron bastantes tropas. Incluso se embarcó en las bodegas a una preciosa yegua, a lomos de la cual el castellano pensaba impresionar a los caciques de aquellas islas que pretendía dominar.
Cumpliendo con los planes de la misión, tras detenerse brevemente en Melbourne, continuó viaje con rumbo sur hacia la desembocadura del río Miami, trazando una trayectoria paralela a las costas y cayos del sur de la península de Florida, para luego virar hacia el norte en dirección al golfo de Méjico. En aquel tránsito pudo comprobar que los nativos con los que se iban encontrando eran mucho más fieros que los taínos caribeños y no tenían miedo a los españoles. Era tal su crueldad que, para infligir más víctimas a sus enemigos, los indios llegaban incluso a envenenar las puntas de las flechas que lanzaban.
A la altura de Cabo Romano se vio inmerso en una nueva refriega en la que uno de sus soldados resultó muerto. Desencantado por el cariz que empezaba a tomar la expedición, dio por terminado el viaje y regresó a San Juan. De camino, recaló en varios puntos de la costa de Yucatán, sin que conste la realización de exploraciones en aquellas tierras. Con la intención de reclamar a la corona todo lo que había encontrado, el 10 de octubre de 1513 arribó a Puerto Rico.  
El retorno le tuvo que dejar un regusto agridulce. No había hallado ni el legendario manantial, ni tampoco cantidades reseñables de oro. Por si fuera poco, la hostilidad de los indígenas parecía ser bastante más elevada que lo habitual hasta entonces. En cambio, desde un punto de vista más positivo, Ponce se percató de que aquella supuesta isla de la Florida era mucho más grande de lo que nadie había imaginado. Asimismo, sin ser consciente de ello, había encontrado algo fundamental para los futuros viajes intercontinentales en barco: en la costa oriental de Florida, navegando hacia el sur, a pesar de que el viento soplaba de popa, sus carabelas no sólo no avanzaban sino que retrocedían cada vez más. Fue entonces cuando advirtieron que en aquella zona había una poderosa corriente que se dirigía hacia el norte. Se trataba de la famosa “corriente del Golfo” cuyos efectos no son sólo de índole náutica, ya que también tienen importancia capital para el clima global.  

El ansiado título de adelantado de la Florida.

En 1514, Ponce de León retornó a España para recibir su codiciada dignidad de adelantado, lo que implicaba que con sus propios recursos podría explorar y gobernar todo lo que descubriese en su zona de influencia. Gracias a ese nombramiento, por fin estaría legitimado para actuar con autonomía, sin tener que rendir cuentas a gobernadores o virreyes como Diego Colón.
Al nuevo adelantado se le encomendó la tarea de conquistar la isla de Guadalupe y la de la Florida. Su misión era someter aquellos territorios para que la corona pudiese establecer un dominio efectivo y real sobre los mismos. Con esa intención partió hacia Guadalupe, donde se enfrascó en una encarnizada lucha con los nativos, tras caer en una tosca emboscada. Aquel contratiempo, además, supuso el fracaso del viaje.  
Tuvo que aguardar hasta febrero de 1521 para organizar una nueva expedición a Florida. Durante ese tiempo pudo analizar con sosiego los fallos anteriores y tomar las medidas adecuadas para la próxima empresa, que contó con doscientos cincuenta hombres y cuatro navíos. El objetivo en este caso era constituir una colonia estable, por eso incluyó bastante material para agricultura, así como todo lo necesario para erigir un enclave en las islas Sanibel, situadas frente a la desembocadura del río Caloosahatchee. Incluso algunos franciscanos se embarcaron con él para evangelizar a los autóctonos que encontrasen por el camino. Mas al llegar hasta la bahía donde pretendían fondear, los indios rechazaron a los españoles con ímpetu. En el transcurso de la escaramuza, Ponce resultó herido por una de las temidas flechas envenenadas. Ante aquel imprevisto, lo mejor era abortar la operación y regresar a Cuba para que el adelantado se recuperase.
Las secuelas producidas por el flechazo no pudieron ser atajadas a tiempo y, tras una larga agonía, fallecía en La Habana en julio de 1521. Sus restos fueron trasladados hasta San Juan, en cuya catedral reposan a día de hoy.
Después de décadas haciendo frente con gran esfuerzo a una enorme cantidad de contrariedades, sin conseguir fijar una población estable en aquellos vastos terrenos, entregaba su vida a Dios nuestro insigne paisano. Al parecer, las dificultades debían ser tales que hasta 1565 Pedro Menéndez de Avilés no pudo fundar un primer asentamiento permanente en San Agustín de la Florida. Y esa ciudad, creada cincuenta y cinco años antes de que los Peregrinos ingleses arribasen a bordo del Mayflower a las costas de Nueva Inglaterra, es considerada a día de hoy como la más antigua de Estados Unidos.   

La ACT Fernando III el Santo en Meneses y Villlagarcía de Campos


  La ACT Fernando III el Santo continúa redescubriendo los lugares que marcaron la gloria y el destino de nuestro país a lo largo de su Historia. En esta ocasión visitamos dentro de la comarca de Tierra de Campos, la localidad palentina de Meneses de Campos y el monasterio jesuita de San Luís, enclavado en la localidad vallisoletana de Villagarcía de Campos.


Meneses de Campos
  Situado en el límite sur-oeste de la actual provincia de Palencia, Meneses cuenta con una larga Historia; ya que fue uno de los primeros núcleos repoblados en la zona de Tierra de Campos, probablemente a principios del S.X, gentes provenientes del Valle de Mena se instalaron en su solar. Ya desde principios de S. XI, se sabe que fue señorío de la familia Téllez, situación que duró hasta la caída del antiguo régimen en el S.IXX. Allí pudimos contemplar la iglesia de Nuestra Señora del Tovar, construida sobre la antigua fortaleza de los Téllez dl S.XII, donde aún se puede apreciar, especialmente en la parte exterior su torreón medieval. El interior de la iglesia, consta de tres naves y fue construido en el S.XVI orientada hacia el oeste, como mandan los cánones mirando hacia Jerusalén. Preside el interior de la iglesia un retablo barroco del S.XVII, que guarda la imagen románica de la Virgen del Tovar, patrona de la localidad, y que portaba el obispo Don Tello Téllez de Meneses en el arzón de su caballo en la Batalla de Las Navas de Tolosa. También adornan la iglesia los blasones de los Téllez, con su famosa tortilla y anillo y dos esculturas de los hermanos Alfonso y Suero Téllez con el lema familiar “Si queréis saber quién son los de los dorados arneses, hijos de la hija son de Ordoño, rey de León, y del Tello de Meneses”.


Villagarcía de Campos
Villagarcía fue desde antiguo, señorío de los Quijada. Pero es en el siglo XVI, con Don Luís de Quijada, mayordomo del emperador Carlos V, cuando la localidad adquiere lugar destacado en la Historia. Don Luís, a petición del emperador se hizo cargo de Jeromín, futuro Don Juan de Austria, y allí en su palacio (hoy convertido en unas penosas ruinas) junto con su esposa Doña Inés de Osorio fue educado el futuro “Salvador de la Cristiandad” en la Batalla de Lepanto.
Don Luís murió durante la rebelión morisca de las alpujarras, y es a partir de ahí, cuando Doña Inés manda construir el actual monasterio jesuita de San Luís para honrar a su marido. Es este monasterio joya imprescindible de nuestra Historia, pues durante casi tres siglos fue el lugar del que salieron todos los soldados de la orden jesuita que evangelizaron el mundo, y muchos son los recuerdos de esa gloriosa época que aún perviven en él. La iglesia se conserva prácticamente como en el S.XVI, y guarda preciosos retablos, cuadros e imágenes que rememoran su Historia. Además, en su museo pudimos contemplar la bandera que llevaba Don Juan de Austria en su bergantín durante la Batalla de Lepanto, y el crucifijo que salvó de la quema (unos moriscos pretendían quemarlo) Don Luís de Quijada, y que Don Juan de Austria llevó siempre consigo a partir de ese momento, tanto en Lepanto, como en su época como gobernador de Flandes. Desgraciadamente, el resto del monasterio se perdió en el S. XVIII tras la expulsión de los jesuitas de España que ordenó el nefasto rey Carlos III, y sólo a partir de los años cincuenta del siglo pasado se reedifico para convertirse en lugar de descanso de ancianos miembros de la orden.

La ACT Fernando III el Santo en Cope Palencia

El presidente de la ACT Fernando III el Santo, repasó en las mañanas de Cope Palencia la actualidad y las próximas actividades de la ACT Fernando III el Santo, prestando especial atención a las que se realizarán por la Asociación en lo que respecta a  la conmemoración del V Centenario del descubrimiento de La Florida (actual Estados Unidos) por el palentino de nacimiento Juan Ponce de León.