Crónica de los actos conmemorativos por La Batalla de Las Navas de Tolosa


Un año más, una representación de la A.C.T. Fernando III el Santo estuvo presente en los actos conmemorativos celebrados en la localidad jienense de Santa Elena, con motivo del 806 Aniversario de la gloriosa Batalla de Las Navas de Tolosa

El viernes 13 de julio, se celebraron diferentes ponencias culturales organizadas por el Ayuntamiento de Santa Elena; pronunciando Luis Carlón Sjovall (presidente de nuestra asociación) una conferencia sobre la vida del rey Fernando III el Santo en el centro cultural de la localidad, bajo el título: "Fernando III de Castilla, vida y hazañas del Santo Rey de España". 

La mañana del sábado 14 de julio comenzó con el tradicional rito de nombramiento de nuevos caballeros, ballesteros y donceles de la Orden de Caballeros y Ballesteros de la Vera Cruz del Rey Fernando III (custodia del Solar de Las Navas), y a la que varios miembros de nuestra Asociación ostentan el honor de pertenecer, siendo además la A.C.T. Fernando III el Santo la Encomienda de la Orden en el Reino de Castilla. Posteriormente se celebró una procesión con la imagen de la Virgen de Las Navas entre la Casa de las Ordenes y la iglesia de Santa Elena. Tras la celebración religiosa, se procedió al tradicional acto homenaje -precedido por un desfile- a los héroes y mártires que combatieron en La Batalla en el panteón de los héroes, haciendo entrega nuestra asociación de una corona de laurel. Tras los actos matinales, se celebró un almuerzo de hermandad entre todos los presentes, en el que numerosas entidades y personalidades fueron reconocidos y condecorados. Entre ellas, la A.C.T. Fernando III el Santo tuvo el honor de recibir el Pendón de Castilla que durante el último año ondeó en la Mesa del Rey; nava en la que estuvo situado en el año 1212 el campamento del noble rey Alfonso VIII antes de iniciarse La Batalla. Concluyeron los actos el lunes 16 de julio con el alzamiento de dos nuevos pendones de Castilla situados tanto en La Mesa del Rey, como en La Era del Rey; lugar donde se encontraba el campamento almohade, y se dio por vencida La Batalla con el rezo del "Te Deum Laudamus" en acción de gracias al Señor, el dieciséis de julio de 1212.





Espada Lobera: Tributo al zar San Nicolás II en el centenario de su muerte en el martirio



A la una y media de la madrugada del diecisiete de julio de 1918, hace justo ahora cien años, y de la manera más cobarde nunca antes vista, la familia imperial rusa -el zar Nicolás II y su esposa Alejandra, el zarévich Alexei y sus hermanas las grandes duquesas Olga, Tatiana, María y Anastasia-, así como los leales servidores Eugene Botkin,  Anna Demidova, Iván Kharitonov y Alexei Trupp fueron despertados con engaños y llevados al sótano de la casa Ipatiev de Ekaterimburgo donde se encontraban prisioneros. Una vez allí, y tras leer el jefe local del partido comunista un miserable comunicado, comenzó una sanguinaria ejecución con disparo de balas, bayonetas, cuchillos y golpes que superó los veinte minutos. La cobardía no quedó ahí, continuando durante la madrugada, al no ser capaces los criminales de reconocer su infamia, y decidir deshacerse de forma ignominiosa de los cuerpos martirizados. Tras probar suerte en una vieja mina en la que intentaron volar los cuerpos, terminaron por quemar los restos mortales con ácido y enterrarlos de mala manera en una cuneta de un bosque cercano. No fueron capaces los comunistas soviéticos de reconocer su crimen hasta 1926, e incluso ellos mismos acabaron por derribar la casa de Ipatiev en 1977, convertida en símbolo de la vergüenza y cobardía marxista; y es que ya en época soviética se había convertido en lugar de culto y peregrinación del fiel y creyente pueblo ruso.

Es de justicia recordar hoy al zar Nicolás II, quién junto a su familia y buena parte del pueblo ruso sufrió la persecución y el martirio a manos de la bestia marxista. Y hoy, cien años después, esa ejemplar lealtad es la forja de una nueva Rusia, renacida de la peor de las esclavitudes sufridas durante más de setenta años. Una nueva Rusia que ha recuperado de manera definitiva su memoria y tradición, gracias a la fe y al testimonio de sus mártires; entre los que la familia imperial rusa ostentan un lugar de honor.

Hoy, cien años después, en el solar de Ekaterimburgo donde se encontraba la casa Ipatiev, se levanta la grandiosa e imperial iglesia de la Sangre Derramada, donde descansan los restos mortales de los últimos Romanov; los cuales representaron entonces con humildad y lealtad los ideales y esperanzas del pueblo, y aseguraron con su martirio un futuro de grandeza y libertad -que hoy reconoce el sufrido pueblo ruso- frente a la insaciable garra de la bestia internacionalista.

La familia Romanov descendiendo al sótano de la casa Ipatieva (Ekaterimburgo)

Iglesia de la sangre Derramada (Ekaterimburgo)
Luis Carlón Sjovall
Presidente A.C.T. Fernando III el Santo

De cómo Palencia ganó su escudo

Escudo (S. XIII) de un caballero palentino de la Milicia de la Santa Cruz, llamado Pascual Pérez.
La negra jornada del diecinueve de julio de 1195, cuando el ejército castellano comandado por el rey propio Alfonso VIII, llamado “el noble” fue derrotado en la Batalla de Alarcos por las tropas almohades llegadas de África, España entera tembló ante la amenaza que sobre ella se cernía en forma de media luna. Aquel día, en el que Castilla defendió en solitario la España cristiana frente a los ejércitos musulmanes llegados de África, supuso, además de una importante pérdida de territorio –la frontera volvió a marcarla el río Tajo-, la casi total aniquilación de sus mejores hombres de armas. Quiso la providencia que el victorioso califa Yusuf II se viese obligado -gracias a una revuelta en Túnez- a regresar a tierra africana para sofocarla, y que así se pudiese lograr una tregua de diez años, que al Reino de Castilla le sirvió para preparar concienzudamente una nueva generación de guerreros. Diecisiete años después, el 16 de julio de 1212, el Rey de Castilla –esta vez junto con los de Aragón y Navarra, además de numerosos cruzados llegados de todos los rincones de la Cristiandad- volvió a enfrentarse a los almohades en La Batalla de Navas de Tolosa, y esta vez sí, la victoria fue cristiana. La Batalla -como se la conoce desde entonces- fue crucial para el devenir de los acontecimientos, así como un episodio esencial en el ideal común de todas las generaciones posteriores de españoles; y Palencia, no solo estuvo presente en semejante gesta de nuestra Historia, sino que además fue parte fundamental. El escudo de la ciudad aún lo recuerda.
A principios del año 1211, el Obispo de Palencia, Don Tello Téllez de Meneses emprendió un viaje a Roma en calidad de embajador del rey Alfonso VIII. Su objetivo, obtener de parte del Papa Inocencio III una bula de cruzada -garantía de que Castilla no sería agredida por el resto de reinos cristianos mientras durase la guerra que se avecinaba de nuevo frente a los ejércitos almohades-. No solo consiguió esto Don Tello, además se trajo una carta firmada por el Papa recomendando a todos los arzobispos -“de España” dice Inocencio III- instando a sus reyes a imitar el ejemplo castellano, y “que concediesen indulgencias a quienes participasen en la batalla”.
El rey Alfonso VIII citó para el día de Pentecostés (20 de mayo de 1212) a las huestes cristianas en la ciudad de Toledo. Hasta allí se habían trasladado las milicias nobiliarias y ciudadanas de toda Castilla (todo hombre capacitado para el combate estaba allí), que junto con cruzados venidos desde Portugal, León, Provenza, Lombardía, Bretaña e incluso Alemania abarrotaban las calles de la vieja capital visigoda. Antes de todo ello, y con el obispo Don Tello de vuelta de su viaje a Roma, se celebró en la Catedral de Palencia a finales de abril de 1212 una ceremonia grandiosa que aún hoy aparece recogida en el Libro Antiguo de Estatutos del Cabildo, y que dice así: “Cuando el Estandarte de la Ciudad de Palencia deba ir a la guerra, así ha de hacerse: todas las personas honorables de la ciudad, deben ir a la hora de vísperas con el Estandarte a la Iglesia de San Antolín, y poner el Estandarte ante el altar del Santo Salvador, y permanecer allí todos con el Estandarte durante toda la noche, y celebrar la vigilia solemnemente”. Las mesnadas de Palencia no faltaron a esta cita, aportando aproximadamente siete mil efectivos, entre caballeros, prelados, peones y gentes de mantenimiento; siendo la fuerza más abundante la milicia ciudadana de la capital -comandada por Don Juan Fernández Sanchón-, seguida por las mesnadas particulares de los poderosos señores de la Tierra de Campos: Don Alfonso Téllez de Meneses y Don Gonzalo Ruiz Girón, por entonces Mayordomo Real de Castilla.
El 20 de junio, una vez incorporado al ejército cruzado el rey Pedro II de Aragón, partió el contingente de Toledo con intención de combatir a las tropas almohades en algún lugar de La Mancha. Tras reconquistar primeramente  Malagón, el ejército continúo su camino hacia el sur tomando las fortalezas de Calatrava, Alarcos y Salvatierra sin demasiada resistencia. Se esperaba la aparición del Miramamolín, pero las tropas musulmanas no aparecieron, y el desaliento se apoderó del ejército cruzado. Informado el rey Alfonso de que los almohades esperaban bien parapetados tras la Sierra Morena. Todo eran dudas en las huestes cruzadas; por un lado combatir donde proponían los almohades suponía aventurarse en pleno mes de julio en un territorio muy al sur y sin apenas provisiones, para además combatir frente a un contingente superior en terreno claramente desfavorable. Por el contrario, retirarse significaba perder la que quizá fuese la última oportunidad de combatir unidos los ejércitos cristianos frente al enemigo almohade. Ante esta situación, muchos ultramontanos se retiraron de la Cruzada, una vez que ya habían saciado con conquistas menores sus promesas; por el contrario, animó notablemente la aparición del rey Sancho VII de Navarra, llegado junto con trescientos caballeros norteños para unirse al frente común comandado por el Rey de Castilla.
Cuando finalmente los ejércitos cristianos llegaron frente al Muradal de Sierra Morena, entendieron que no había ninguna opción de conseguir la victoria tal y como estaban parapetados los musulmanes. Y es qué, para enfrentarse al grueso del ejército almohade, debían atravesar el Paso de La Losa (actual Despeñaperros), donde sin duda serían masacrados por los ismaelitas sin ni siquiera llegar a poder combatir. El rey Alfonso aún con tan malas predicciones se negaba a rendirse, y así, cuando apenas quedaba esperanza, apareció en el campamento cristiano un pastor mozárabe llamado Martín Alhaja, quien dijo al Rey conocer una ruta por la que atravesar el Muradal sin necesidad de combatir. Diego López de Haro lideró junto al pastor la marcha nocturna por dicha ruta, que trasladó milagrosamente a todo el ejército cristiano allende de las montañas, dejándolos  justo en frente de donde se encontraba el campamento del Califa almohade. Esta losa natural, donde el Rey Alfonso plantó su tienda el 13 de julio de 1212, se conoce desde entonces como “La mesa del rey”.
Tras varios de preparativos, el dieciséis de julio de 1212 y bajo un sol de justicia, se enfrentaron en Navas de Tolosa los dos ejércitos más poderosos vistos hasta entonces en tierra hispana. En el orden de batalla cristiano, destacaba en la primera línea junto al veterano Diego López de Haro, el palentino Alfonso Téllez de Meneses, quien comandó a las huestes leonesas y portuguesas, además de a sus propias mesnadas. El Obispo de Palencia y Gonzalo Ruiz Girón, se mantuvieron en la retaguardia junto a los reyes y resto de prelados hasta que a última hora de la tarde llegó el momento de la embestida final. La Batalla duró todo el día, hasta que finalmente el lado derecho de la vanguardia cristiana (en el que se encontraban los navarros y las gentes de Téllez de Meneses) abrió brecha en el flanco izquierdo musulmán. Inmediatamente avanzaron navarros y palentinos a galope tendido hasta el campamento del miramamolín Al-Nasir, reventando las cadenas del palenque defensivo al que estaban amarrados los más leales siervos del Califa. A partir de ese momento, las tropas musulmanas, viendo huido a su líder y destrozado el campamento, huyeron en desbandada del campo de batalla. La victoria fue total para el rey Alfonso VIII –conocido desde entonces como “el de las navas”, celebrándose un “te deum” al anochecer, justo en el lugar donde poco antes se encontraba el campamento almohade.
Tras la Batalla, los cristianos fallecidos fueron enterrados en una fosa común, sobre la que Alfonso VIII mandó construir una ermita dedicada a la Santa Cruz. Pocos años después, el rey Fernando III el santo creó una orden militar llamada “Militia Sancta Crux”, cuya finalidad fue proteger el legado espiritual y material de la Batalla. Hoy en día, ese lugar de peregrinación espiritual y cultural tan importante como es Navas de Tolosa, sigue protegido por la actual Orden de Caballeros de la Vera Cruz del rey Fernando III, refundada en 2012 con motivo del VIIIº Centenario de La Batalla, y cuyo solar se encuentra en el mismo palacio-fortaleza otorgado por el Rey Fernando III a la primigenia Milicia de la santa Cruz, en la localidad jienense de Santa Elena.
De la importancia de la participación palentina en La Batalla dio honor en su momento el propio rey Alfonso VIII, al conceder al obispo Don Tello, y con ello a la ciudad, el privilegio de unir al castillo -concedido a la ciudad dos siglos antes por Fernando I de León-, la cruz del cielo aparecida durante la Batalla; y que hoy en día se muestra en el escudo palentino como cruz floreada en oro sobre fondo azur.  El propio rey concedió a la familia de los Téllez de Meneses - al igual que al rey de Navarra-, el privilegio de portar en su heráldica las cadenas las navas –signo de victoria frente a la esclavitud-, rotas al unísono por Sancho el fuerte y por el propio Don Alfonso Téllez de Meneses. Finalmente, y como bien nos recuerda la tradición popular, Palencia fue premiada de forma excepcional por el rey Alfonso VIII con la Primera Universidad de España , ese mismo año de 1212, en agradecimiento por la heroica participación palentina en la trascendental Batalla de Navas de Tolosa.

Artículo publicado en El Norte de Castilla  (16 de julio de 2018)
Luis Carlón Sjovall
Presidente A.C.T. Fernando III el Santo
Comendador de Castilla de la Orden de Caballeros de la Vera-Cruz del rey Fernando III

Conferencia en San Fernando de Henares


El pasado miércoles veinte de junio, Luis Carlón -Presidente de la A.C.T. Fernando III el Santo- impartió una conferencia versada en la vida del rey Fernando III el Santo en la localidad madrileña de San Fernando de Henares, bajo el título "Vida y hazañas del Santo Rey de España".

Invitado por la Asociación Cultural Amigos del Real Sitio en su calidad de Comendador del Reino de Castilla de  la Orden de Caballeros de la Vera-Cruz del rey Fernando III, el Presidente de nuestra Asociación recordó delante de una numeroso número de asistentes, y en un lugar tan representativo como es el Real Sitio de San Fernando, -hoy lamentablemente en manos de la extrema izquierda- la importancia de figuras tan simbólicas en la Historia de España como la del rey Fernando III el Santo, para así poder entender nuestra obligada responsabilidad en el compromiso debido en defensa de la identidad y tradición propia de nuestra patria. Frente a la disgregación, miseria moral y cultural, y degradación social que sufrimos hoy en día; la figura del Santo Rey de Castilla se nos muestra a día de hoy como el símbolo máximo de unidad, búsqueda de la virtud y buen gobierno, siempre acorde a los principios irrenunciables enraizados en nuestra secular tradición cultural y religiosa.

Los actos organizados en el Real Sitio por la Asociación Fernandina local, incluyeron una magnífica exposición centrada en la vida del rey Fernando III , así como diferentes conferencias; con el ánimo de dar a conocer -aprovechando el 801 aniversario de su Proclamación como Rey de Castilla- entre los vecinos de la localidad, la figura de quién desde hace tres siglos es Santo Patrón del Real Sitio. Teniendo en cuenta que la difusión de la figura del Santo Rey siempre ha sido uno de nuestros primordiales objetivos, no podemos por menos que transmitir nuestra enhorabuena y agradecimiento a los miembros de la Asociación Cultural de Amigos del Real Sitio por los actos programados; así como por su ejemplar compromiso en defensa de la cultura y tradiciones propias.

Imagen de San Fernando venerada en el Real Sitio de San Fernando


Presentación del libro "Desde Pamplona, Rex Ibericus"


El pasado viernes 22 de junio, el Centro Social y Cultural Blanca de Castilla de Palencia, acogió la presentación del libro "Desde Pamplona, Rex Ibericus"; con la presencia de su autor, el Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación, así como Licenciado en Filología Hispánica y en Psicología, Don Augusto Bruyel. Con esta exposición en Palencia de tan completa semblanza sobre el rey Sancho III, desde la A.C.T. Fernando III el Santo tenemos la intención de trasladar, -especialmente ahora que se acerca el primer milenio de la recuperación de nuestra diócesis, y con ella de la repoblación de la ciudad-, un mayor conocimiento sobre la figura de Sancho III "el mayor" de Pamplona; quién fue en su condición de conde consorte de Castilla, su principal artífice. Es mucho lo que Palencia debe a este gran rey navarro, -el cual llegó a ser reconocido en su tiempo dada su supremacía sobre el reto de reinos cristianos como "rex hispaniarum"-.

Quizá ese penoso olvido de nuestra propia Historia, sea en parte el culpable de que quién con tanto afán se empeñó en recuperar Palencia, no tenga a día de hoy ni el menor reconocimiento -salvo la imagen que en la Catedral recuerda la leyenda de la Cripta de San Antolín- en nuestra ciudad. Por ello, con la presentación ofrecida por Augusto Bruyel, desde nuestra Asociación comenzamos a dar a conocer la figura de Sancho III, con la ya dicha intención de que su conocimiento, acabe refrendándose en un futuro, en justo reconocimiento.

Ofrenda en el Olmo de la Proclamación de Fernando III el Santo 2018


El pasado dieciséis de junio, la A.C.T. Fernando III el Santo participó en la ofrenda homenaje que junto al llamado "Olmo de la Proclamación", situado en el Parque Fernando III de Autillo de Campos, se celebra anualmente como recuerdo de la Proclamación de Fernando III el Santo como Rey de Castilla; que se produjo en ese mismo lugar el catorce de junio de 1217, cuando la Reina Berenguela declinó sus derechos dinásticos en su hijo primogénito, tras la muerte accidental en el alcázar episcopal de Palencia, del rey niño Enrique I de Castilla.

Comenzó el homenaje con la ofrenda de las coronas de laurel que anualmente se entregan tanto por el Ayuntamiento de Autillo de Campos, como nuestra Asociación. Posteriormente, se recordó la importancia que para el devenir de la historia de España tuvieron los hechos ocurridos en la villa palentina hace ya más de ocho siglos, y finalmente se abonó con tierra del Campo de Batalla de Las Navas de Tolosa -tierra salpicada de sangre de héroes y mártires, muchos de ellos de la Tierra de Campos- traída hasta Autillo por la encomienda palentina de la Orden de Caballeros de la Santa Vera-Cruz del Rey Fernando III, acompañada este año por una representación de de la Orden llegada desde tierras del Reino de Valencia. 

Una vez realizado el acto homenaje, se celebraron en Autillo de Campos las tradicionales actividades lúdico - culturales, que cada año completan durante toda la jornada una ejemplar jornada en recuerdo de nuestra historia y tradición.







La Espada Lobera: En el 801 Aniversario de la Proclamación Real de Fernando III el Santo en Palencia



Cuando hace unos años leí en la Crónica General de Alfonso X el Sabio la frase “Et allí luego en Otiello, le alçaron Rey et llamaron con él ¡Real!” -refiriéndose indudablemente la misma, al momento en que Fernando III el Santo fue proclamado Rey de Castilla en la localidad palentina de Autillo de Campos-, dos ideas contrapuestas me vinieron a la cabeza: la primera, sin duda, la pena que como palentino sentía por el penoso olvido que de un pasaje tan sobresaliente de su historia manifestaba nuestra provincia; e inmediatamente, un segundo pensamiento, la obligación moral que suponía devolver a su lugar y tiempo tan importante y regia efeméride, sucedida en la Tierra de Campos palentina el catorce de junio de 1217.

Quiso la providencia, que una vez se planteó el desafío de reinstaurar la memoria de lo sucedido, allá por el año 2013, tanto la A.C.T. Fernando III el Santo -siempre dispuesta a defender y ensalzar tanto a Palencia como la figura del Santo Rey de España-, como Ángel Castro, alcalde de Autillo de Campos –es de admirar como se ha transformado para bien en estos cuatro años la localidad terra-campiña-; se involucrasen en el proyecto con esa fuerza e ilusión que solo pueden llegar a aportar, quienes en verdad aman su tierra sin ambages.

Puestos en faena, desde el primer momento tuvimos claro que todo lo que se hiciese sería siempre fiel a la verdad histórica -que todo hay que decir, aunque las crónicas son claras, hubo quienes quisieron negar-, y así, tras mucho discurrir e investigar, el 14 de junio de 2014 se celebró la primera jornada conmemorativa de la Proclamación en Autillo de Campos; siempre con la colaboración de la Diputación de Palencia. El homenaje en el Olmo de la Proclamación, Conferencias culturales de primer nivel, la ya tradicional representación teatral o la feria gastronómica, son desde entonces atracciones asentadas en la conmemoración fernandina. La propia Junta de Castilla y León también ha colaborado desde el principio, y además se implicó de forma extraordinaria con el VIIIº Centenario por medio de una solemne exposición el pasado año en Valladolid -sobre la vida de Fernando III el santo-, parte de la cual se encuentra ya visitable de forma permanente en Autillo de Campos.

El pasado año concluimos nuestro objetivo prioritario: recuperar la memoria de lo ocurrido y celebrar un digno VIIIº Centenario, y muestra del éxito conseguido es que hasta Íñigo Méndez de Vigo, Ministro de Cultura por entonces , participó en los actos organizados en Autillo de Campos, dando a la efeméride una importante repercusión a nivel nacional. A partir de ahora, el verdadero éxito será que a partir de este año, cuando el próximo sábado 16 de junio se celebre el 801 Aniversario de la Proclamación, la celebración mantenga el nivel ya adquirido; y para ello será imperioso que sea así querido por los palentinos, y especialmente por quienes habitan nuestra bellísima Tierra de Campos. Ojalá la memoria de tan importante suceso no vuelva a extraviarse, y que a partir de ahora todos los palentinos tengamos presente ya para siempre, que como bien decía una placa existente en la ermita de Autillo de Campos en el siglo XIX, y que actualmente está repuesta en el Parque Fernando III, junto al olmo de la proclamación: “En este pueblo y en este sitio fue proclamado Rey, por primera vez, Don Fernando III el Santo”.

Artículo publicado en Diario Palentino  (viernes 15 de junio de 2018)

801 Aniversario de la Proclamación de Fernando III el Santo como Rey de Castilla

La Espada Lobera de San Fernando guarda el Olmo de la Proclamación del Santo Rey de España
Desde la A.C.T. Fernando III el Santo, invitamos un año más a participar en los actos que organizaremos junto al Ayuntamiento de Autillo de Campos, el próximo sábado 16 de junio, con motivo del Aniversario de la Proclamación de Fernando III el Santo como Rey de Castilla.

La pequeña localidad palentina volverá a vestirse de gala para conmemorar por todo lo alto la histórica proclamación real, que sucedida el catorce de junio de 1217, marcó el comienzo de un reinado inigualable, que sigue siendo a día de hoy símbolo supremo de buen gobierno en Castilla, España y toda La Cristiandad

La jornada comenzará en Autillo de Campos a las once de la mañana, con el importante y tradicional acto homenaje en el "Olmo de la Proclamación" situado en el Parque Fernando III, donde se recordará como cada año lo sucedido justo en ese mismo lugar hace 801 años. Posteriormente, en la Plaza del Ayuntamiento se celebrarán diferentes actos de carácter cultural y lúdico para disfrute de mayores y pequeños. Ya por la tarde, y después de haber disfrutado de buenas viandas palentinas, volverá a representarse por parte de la Sociedad Medieval de Recreadores -frente a la iglesia de Santa Eufemia- el acto teatral de la Proclamación de Fernando III el Santo como Rey de Castilla. Una cena popular pondrá colofón a esta importante jornada cultural e histórica, que tras años de trabajo -y con el necesario apoyo de Junta de Castilla y León y Diputación Provincial de Palencia- parece ya consolidada en la Tierra de campos palentina. Dar a conocer nuestro pasado, y homenajear -como en este caso- a quien nos precedió de manera ejemplar, será siempre obligada y justa labor de todos aquellos que aman la cultura y tradiciones de su Patria.


Breves notas sobre el carlismo palentino (Juan Antonio de Soto y Herrera)

Oficial del Regimiento de Dragones de Almansa (1806)

Nuestro protagonista de hoy, nos permite enriquecer nuestro trabajo con un nuevo aspecto del sacrificio de los hombres que entregaron su vida en defensa del Altar y del Trono, pues nos encontramos ante un militar carlista que ni tan siquiera llegó a tomar las armas en la guerra. Sirva como ejemplo de aquellos en que la persecución iniciada contra los simpatizantes de Don Carlos, incluso antes de la muerte de su hermano, fue más allá del simple alejamiento de sus puestos, pues fue uno de los que, sin tener en cuenta su edad, estado de salud o sus méritos en pasadas contiendas, los amantes de la libertad encarcelaron como a simples delincuentes, solo por haber cometido el delito de no pensar como ellos.


Nos ha sido fácil encontrar sus datos de filiación. Noble, había conseguido su ingreso en la Orden de Caballeros de Santiago en el año 1814, cuando era capitán de la Real Brigada de Carabineros. Su expediente certifica que nació en Amusco el día 30 de junio de 1779, siendo bautizado en la parroquia de San Pedro el 4 de julio. Su padre, Francisco de Soto y Guzmán era natural de Santillana del Mar y había cambiado su residencia a Amusco al contraer matrimonio con Ángela Herrera Rubio, noble amusqueña, el día 10 de febrero de 1777. Hubo de demostrar su hidalguía Francisco, obteniendo ejecutoria de nobleza ante la Real Chancillería de Valladolid el 19 de febrero de 1788, pudiendo ser alcalde de Amusco por el Estado Noble en 1797 y 1805. Y en Amusco nacieron sus hijos Antonio, Juan, Manuel y Manuela. También sabemos que nuestro protagonista, Juan Antonio, se casaría en Osuna, el 7 de mayo de 1821, con María del Carmen Figueroa y Gobantes, hija del conde de Puertohermoso, José de Figueroa y Silva. Juan Antonio, que llegaría a ser comendador de la Orden y María del Carmen tuvieron dos hijos, José y Juan. Pero ahora nos es obligado a hablar de la vida militar de nuestro biografiado.

Para narrarla acudiremos primero al Diccionario de Alberto Martín-Lanuza, pues en él dedicaba una de sus voces a nuestro biografiado. Y por él sabemos que el 15 de octubre de 1803 fue nombrado cadete en el regimiento de Dragones de Almansa que, en 1807, formaría parte de la famosa expedición del marqués de La Romana. Episodio de nuestra historia que no podemos nada más que resumir, lo que haremos teniendo como eje la magna obra que sobre la guerra de la Independencia escribió Juan Priego López.

Destruidas las flotas española y francesa en la batalla de Trafalgar, Napoleón intentaría derrotar a Inglaterra arruinando su economía inhabilitando su comercio. Para ello, el 21 de noviembre de 1806 promulgaría el llamado Decreto de Berlín, mediante el cual pretendía establecer el bloqueo económico de las islas británicas, prohibiendo a sus aliados y a los países ocupados cualquier tipo de relación comercial con Gran Bretaña. Proyecto que implementaría con el Decreto de Milán, de 17 de diciembre de 1807, en el que establecía que se tratase como "presa de guerra" a cualquier buque, fuera cual fuera su nacionalidad, que se hubiese detenido en un puerto británico, que hubiese pagado cualquier tipo de impuesto en Gran Bretaña o que fueran registrados en su carga por un barco británico. Pero para que el denominado “bloqueo continental” fuese efectivo, era necesaria la colaboración de los gobiernos teóricamente neutrales ya fuese mediante tratados o amenazas. No podemos entrar a pormenorizar los compromisos adquiridos por España con Francia por el que se llamó Tratado de San Ildefonso, pero claro está que por él debíamos colaborar en el “bloqueo continental”. Napoleón exigiría a España el envío de un cuerpo expedicionario de 14.000 hombres a Alemania con el objetivo de guarnecer las costas de mar Báltico. El primer contingente en marchar fue la división que al mando de Gonzalo O’Farril había marchado como guarnición al reino de Etruria. El 22 de abril de 1807, a las órdenes de Juan Kindelán y siguiendo el "camino español", saldría para Hamburgo a donde llegaría entre el 12 y el 24 de junio de 1807. La composición de este cuerpo era la siguiente: ­ regimiento de infantería de línea Zamora (2.256 hombres); dos batallones del regimiento de infantería de línea Guadalajara (1.504 h.); un batallón de infantería ligera 1º de Voluntarios de Cataluña (1.200 hombres); el regimiento de caballería ligera Villaviciosa (540 hombres); ­ regimiento de caballería de línea Algarve (540 hombres), y una compañía de artillería (100 hombres). El resto del cuerpo expedicionario partiría de España. Eran dos divisiones al mando del Pedro Caro y Sureda, 3er marqués de La Romana. La primera partiría de Irún, para por Burdeos llegar a Hannover. La segunda cruzaría la frontera por Port Bou, para por Lyon y Besançon llegar también a Hannover.  Desde allí y ya a las órdenes del mariscal Jean Baptiste Bernadotte, marcharían a Hamburgo para reunirse con la división de Etruria. Formaban aquellas divisiones, un batallón de regimiento de infantería de línea Guadalajara (778 hombres); el regimiento de infantería de línea Asturias (2.332 hombres); el regimiento de infantería de línea Princesa (2.282 hombres); el ­ 2º batallón del regimiento de infantería ligera Voluntarios de Barcelona (1.240 hombres); el­ regimiento de caballería del línea del Rey (540 hombres); el regimiento de caballería del línea del Infante (540 hombres); el regimiento de Dragones de Almansa (540 hombres); una compañía de zapadores-minadores (100 hombres); artillería a pie (270 hombres); artillería a caballo (89 hombres), y­ tren de artillería (68 hombres). Y con ellos, nuestro biografiado. En febrero de 1808, Dinamarca, aliada de los franceses, declararía la guerra a Suecia al negarse ésta a apoyar el bloqueo marítimo contra la Gran Bretaña y el Cuerpo Expedicionario español será enviado a la península de Jutlandia para su defensa ante una posible invasión sueca. 

“Antes, sin embargo, de dirigirse con sus tropas a lugares tan alejados de España, el marqués de La Romana envió a Madrid a sus ayudantes don Luis Moreno Godoy y don José Agustín de Llano, con pliegos para la príncipe de la Paz, de quien hacía tiempo que no recibía correspondencia y del que solicitaba instrucciones sobre la conducta que debía seguir en los países escandinavos. El segundo de dichos ayudantes llevaba también el encargo de informarse discretamente del estado político y militar de nuestra Patria”.

Entretanto, el 5 de marzo emprendió la marcha la vanguardia francesa penetrando en Dinamarca por la península de Jutlandia, poniéndose en movimiento los cuerpos españoles entre el 8 y el 16 en dirección a la isla de Fionia, con intención de pasar desde allí a la Sealand donde se encuentra Copenhague. Paso que no se pudo efectuar porque barcos de guerra ingleses les cerraron el camino. Circunstancia que llevó a Bernadotte a dislocar sus fuerzas, entre ellas las españolas que, entre finales de marzo y primeros de abril, quedaron establecidas en el norte de la península de Jutlandia a las órdenes del Kindelán, que estableció su cuartel general en Kolding y en la isla de Fionia, con el marqués de La Romana que primero se situó en Odense y luego en Nyborg.

“En los primeros días de abril, y a través del Moniteur Universel y otras gacetas francesas, se enteraron nuestros oficiales y soldados de la <> de los sucesos de Aranjuez, de la caída de Godoy y de la abdicación de Carlos IV en su hijo Fernando VII, y aunque estas noticias se recibieron en general con alegría, porque casi todos los componentes de dicha división participaba de la animadversión que nuestro pueblo sentía entonces por el favorito en desgracia y de las esperanzas puestas en el nuevo monarca, no dejó de producirse entre ellos una cierta efervescencia, que no pasó inadvertida para los mandos franceses”.

Bernadotte, tras consultar a Napoleón, como medida de seguridad decidió dispersar a nuestras tropas, pero no tanto como para que no pudiesen actuar coordinadamente, situándolas alrededor del Gran Belt, lo que unido a que los daneses, por temor a que se repitiese el ataque británico que arrasó Copenhague el año anterior, concentraron sus fuerzas en la isla de Sealand y que las tropas francesas no habían pasado de Flensburgo, determinó que, aunque diseminados y aislados entre sí, no hubiese ninguna fuerza que, en caso de pretenderlo, pudiera impedir que se reuniesen. En el mes de julio, tras algunos nuevos movimientos de nuestras unidades prescritos por el mando francés, su situación era la siguiente:

“Isla de Fionia: cuartel general del marqués de La Romana en Nyborg; artillería y zapadores entre esta plaza y Odense; regimiento de la Princesa en Middelfart y Assens; batallón de Barcelona en Svendborg; caballería de Almansa en Odense; caballería de Villaviciosa en Faaborg. = Isla de Langueland: batallón de Cataluña y un destacamento de Villaviciosa. = Isla de Sealand: regimientos de Asturias y Guadalajara en Roskilde. =Península de Jutlandia: cuartel general de Kindelán en Fredericia; regimiento de Zamora en Kolding, Veile y Fredericia; caballería del Rey en Randers; caballería del Infante en Aarhus; caballería del Algarbe en Horsens” .

También a aquellos nuevos asentamientos les llegarían noticias de lo que sucedía en España. De las renuncias de Carlos IV y Fernando VII, de los sucesos del 2 de mayo y de la designación de José Bonaparte como rey de España. Pero fue la llegada de tres testigos de lo sucedido en Madrid, el capitán José Agustín del Llano que regresaba tras la misión encomendada por el marqués de La Romana, el coronel Martín de la Carrera que venía agregado al regimiento de caballería del Rey y el teniente coronel Pedro Aylmer destinado al regimiento de Zamora, lo que permitió a los nuestros conocer la verdad de lo que sucedía en España. El marqués compartía su indignación, pero también era consciente “de la difícil situación en que las tropas españolas se encontraban, diseminadas por el territorio danés, a centenares de leguas de nuestra Patria y rodeadas de enemigos” y por tanto del peligro que suponía cualquier movimiento de insubordinación que hubiera supuesto su desarme e imposibilidad de regreso. Por ello, decidió contemporizar.      

Ya por aquellas fechas, los agentes británicos trataban de contactar con nuestras tropas para entregarles las proclamas de las Juntas de Asturias, Galicia y Andalucía que había llevado hasta Inglaterra el teniente Rafael Lobo, ayudante del almirante Juan José Ruiz de Apodaca secretario de la Junta Suprema Central. Pero las severas medidas adoptadas por el mando francés para evitar su contacto con sus enemigos, incluyendo que se recibiera a cañonazos a cualquier barco, de cualquier nacionalidad, que se aproximase incluso enarbolando bandera de parlamento, impedía su objetivo. Finalmente asumió aquella misión el sacerdote católico escocés James Robertson que, como hablaba alemán, se hizo pasar por mercader de chocolate. Robertson, conseguiría llegar hasta La Romana en Nyborg y exponerle el compromiso del ministro de Exteriores británico George Canning, de poner a su servicio los transportes necesarios para que nuestras tropas pudiesen regresar a España. De inmediato, el marqués y su estado mayor, se esforzaron en elaborar un plan para concentrar todas sus tropas en la isla de Fionia, utilizando la excusa de una revista de inspección. Pero antes de que este plan pudiese llevarse a cabo, el 22 de julio, recibió órdenes firmadas por el propio general Bernadotte de que todas las tropas debían prestar de inmediato, en sus respectivas guarniciones, juramento de fidelidad al nuevo rey de España, José Bonaparte. Estas órdenes no solo le llegaron a La Romana sino también al general Juan Kindelán en Jutlandia y al brigadier Luis Delevielleuze en Sealand, con la intención evidente, de sembrar la división entre los expedicionarios.

En Jutlandia, Kindelán, que desde el principio tomó partido con los franceses, conseguiría que jurasen las tropas a su mando, según algunas versiones, con el ardid de que las demás habían jurado ya, mientras que, por el contrario, en Sealand los regimientos de Asturias y Guadalajara que, habían tenido noticias de los sucesos de España, se negaron a jurar y se sublevaron, atacando a los franceses causando la muerte de un oficial. Luego marcharon sobre Copenhague para ponerse bajo la protección de Federico VI, rey de Dinamarca, pero interceptados por fuertes contingentes de tropas danesas fueron obligados a deponer su actitud y a regresar a sus campamentos. Mientras, en Fionia y Langeland, La Romana, a pesar de su natural repugnancia a tal orden, tratando de ganar tiempo hasta poder ultimar sus planes de evasión, dispuso la jura. A pesar de ello, los incidentes menudearon. Y de entre ellos, nos interesa lógicamente anotar que los dragones de Almansa interrumpieron la lectura de la orden con los gritos de ¡Viva España! ¡Muera Napoleón! y al ser amenazados con un castigo ejemplar, rompieron filas en el mayor desorden. Incidentes de los que fueron testigos varios oficiales franceses, ayudantes de Bernadotte. La Romana le escribió de inmediato para tratar de contrarrestar los informes que le pudiesen dar y con sus ayudantes redactó un formulario de jura condicionada que pudiese ser aceptado por sus tropas. Pero, como era de esperar, Bernadotte conminó amenazante a La Romana para que hiciese jurar a sus tropas de forma inmediata su fidelidad al rey intruso, lo que colocaba al marqués en una situación harto difícil. En esa situación, durante la noche del 6 al 7 de agosto, su ayudante José O’Donnell, le anunció “la llegada de dos oficiales del batallón de Cataluña, enviados desde Langeland por su sargento mayor, don Ambrosio de la Quadra, con despachos de extraordinaria importancia.

Aquellos oficiales eran el teniente Félix Carreras y el subteniente Juan Antonio Fábregas. Fábregas aprovechando su destino en las cercanías de Spodsbjerg en la costa oriental de la isla de Langeland, había conseguido contactar con la escuadra inglesa, en la que le habían facilitado una entrevista con el teniente Lobo, en la que le entregó las proclamas de las Juntas españolas y que Fábregas llevó a La Romana junto con los documentos en los que el mando británico le aseguraba tener dispuestos los buques necesarios para embarcar toda la división. El marqués impartió órdenes a todas las guarniciones para que se concentraran en Nyborg, a fin de proceder a su embarque y para asegurar la operación, con dos batallones del regimiento de la Princesa, dos compañías del de Voluntarios de Barcelona, dos escuadrones del regimiento de Almansa y la artillería a caballo, se apoderó de Nyborg. Los ingleses, después de un encarnizado combate con los daneses, desembarcaron en la plaza y, después de conferenciar con La Romana, decidieron el traslado de los españoles a la isla de Langeland, donde debía producirse el embarque de la totalidad de las tropas. Allí los jinetes de Villaviciosa y los infantes de Barcelona y de Cataluña, se habían apoderado de toda la isla permitiendo a La Romana y sus hombres desembarcar con toda tranquilidad.

El 13 de agosto, después de que algunos cuerpos hubieran tenido que recorrer más de 100 km en 21 horas para unirse a sus compañeros, La Romana reuniría más de 9.000 hombres. El 21 de agosto, la escuadra del almirante británico sir James Saumarez ancló frente a la costa oriental de Langeland, donde embarcaron los nuestros sin abandonar más que los caballos que no podían transportarse y salvando toda la artillería. A continuación, zarparon con rumbo a Goteborg, en la costa de Suecia. El 5 de septiembre, serían embarcados en 37 buques enviados por Gran Bretaña, zarpando con destino a La Coruña, aunque debido al mal tiempo, finalmente arribarían a Santoña y Santander. Era el 8 de octubre de 1808. Sin embargo, más de 5.000 españoles quedaron atrapados sin poder volver a España, pero esa ya es otra historia.

Tras desembarcar, la caballería fue enviada a Extremadura para que fuese provista de caballos, aunque algunos jinetes se quedaron para poder organizar con ellos las guerrillas de aquellas tropas, entre ellos nuestro biografiado, que pasó a las órdenes del brigadier Juan Caro, hermano del marqués de La Romana. Podemos seguir ahora su hoja de servicio, que por ser pormenorizada dividiremos por años en la medida que los datos no lo permitan. Exponía:

“En 12 Enero de 1809 lo fue [designado] por el Excmo. Sr. Marqués de La Romana para averiguar las fuerzas y posiciones de los enemigos; el 29 les tomó 4 carros de harina y 15 cargas de jamones habiendo perseguido a 40 dragones que lo escoltaban; en 20 de Mayo se halló en el sitio de la plaza de Lugo haciendo servicio de guerrilla y con motivo de tratar los enemigos de fugarse de aquella plaza a las 12 del día, se reunió a la infantería y consiguió rechazarlos y encerrarlos en ella; en 21 con 30 caballos sostuvo la retirada del Ejército por lo que obtuvo el grado de Teniente; en 1º de Octubre fue nombrado Comandante de guerrilla, hallándose situado en Calzada de Don Diego en donde fue atacado el 12 y el 13 manteniendo su posición; volvió el 17 a ser atacado por todas las fuerzas enemigas que ocupaban Salamanca, habiendo sido obligado a retirarse sin cesar de batirse todo el día; el 18 continuó batiéndose todo el día hasta que logró presentar a los enemigos en el glorioso campo de Tamames donde recibió una cuchillada en la cabeza y una estocada en el costado derecho. Por orden del Excmo. Sr. Príncipe de Anglona se retiró a curarse y en cuanto lo fue volvió a continuar su servicio hasta la conclusión de la batalla que fue conducido al hospital, obteniendo por todo esto el grado de Capitán; en 30 de noviembre volvió a continuar el servicio de guerrilla en cuyo día evacuaron los enemigos Alba de Tormes, siguiéndoles en su retirada hasta Fuentesaúco; en 1º de Diciembre tuvo orden para ocupar la ciudad de Toro que evacuaron los enemigos, dándoles alcance en su retirada logrando tomarles dos cargas de plata y 16.000 reales todo lo que remitió al Excmo. Sr. duque del Parque; el 8 fue destinado por el mismo General a las inmediaciones de Alba y Salamanca con el fin de observar al enemigo y mandar subsistencias para el Ejército en cuyo encargo permaneció hasta el 1º de Marzo de 1810”.

“En 22 de dicho mes [marzo de 1810] fue destinado a las órdenes del mariscal de Campo D. Martín de la Carrera, sosteniendo los puentes de Alagón, Guijo y Granadilla donde tuvo noticia que la caballería enemiga se dirigía a la ciudad de Plasencia a sacar una contribución, salió con la mayor parte de su fuerza de 50 caballos, los alcanzó a las inmediaciones del Villar [de Plasencia] donde les atacó y consiguió retrocediesen causándoles algún daño; en 23 los atacó en el puente nuevo de Plasencia y logró sorprender una avanzada de 16 hombres que fue pasada a cuchillo trayéndose los fusiles, entrando enseguida en la plaza de dicha ciudad con 24 hombres poniendo en consternación la guarnición que constaba de 500 hombres;  en 16 de Octubre fue nombrado para que continuase el servicio de guerrillas con 50 caballos; en 21 fue atacado a las inmediaciones de Llerena por 600 infantes y 160 caballos, matando un oficial, un cazador y hecho prisionero un Cabo obligándolos a retirarse a Valencia de las Torres; en 15, 16 y 18 de Noviembre le atacó la división del General Girard [Jean Baptiste] en los campos de Villagarcía [de la Torre] y Usagre logrando rechazarlos con ventaja y conservando el punto de Usagre por lo que se le concedió un escudo de honor con el lema: Se distinguió en tres acciones; el 20 fue atacado en las mismas posiciones por 200 caballos, logrando rechazarlos, mató 10 húsares, hizo ocho prisioneros y cogió 12 caballos por lo que obtuvo el grado de Teniente Coronel; siendo atacado el 16 por toda la caballería el Teniente Coronel Joaquín de Mora en su posición de Bienvenida, fue en su socorro logrando rechazar a los enemigos con grande pérdida; el 17 evacuaron los enemigos Villagarcía y Llerena, logrando dar alcance a su retaguardia a la que hizo un fuego tan vivo en términos que los puso en vergonzosa fuga hasta que llegaron a las alturas de Ahillones y reconociendo la debilidad de las fuerzas se pusieron en retirada con todo orden pero sin dejar de perseguirlos hasta precisarles a parlamentar pidiendo hora y media para dar pienso a los caballos; el 18 fue atacado por toda la división enemiga compuesta de 600 caballos y 4.000 infantes en los campos de Azuaga donde mantuvo su posición  por espacio de 5 horas que logró emprendiesen su retirada quedando el campo por los españoles; en 19 por propuesta del teniente Coronel D. Joaquín Mora fue nombrado Comandante General de las Guerrillas y puestos avanzados del Ejército por el General en Jefe Don Gabriel de Mendizábal; en 31 fue atacado y se retiró a Llerena en 2 de Enero de 1811”.

“Se fue igualmente retirando a Bienvenida; el 4 se retiró a Fuente de Cantos; el 5 a Almendralejo, el 7 lo hizo a Mérida sin dejar de batirse en todo el día cubriendo por la noche la retaguardia de la caballería; el 9 fue destinado al castillo de Zagala para cubrir los vados de la [ilegible]; en 11 pasó a Badajoz; en 14 se halló en el reconocimiento de Olivenza; el 15 y 17 en las acciones del Puente de Évora; el 18 en la de Talavera la Real; en 20 pasó con toda la caballería a Campo Mayor; el 21 fue destinado a la plaza de Badajoz para custodiar los correos que venían al Gobernador hasta que el General salió de aquella plaza para apresurar la marcha de las divisiones que se reunían en Portugal, lo que se verificó arrollando las grandes guardias enemigas que había en el camino de Yelbes; el 4 [Febrero] aseguró desde Yelbes a la plaza a la cabeza del Ejército; el 6 salió a clavar las baterías donde recibió un bayonetazo en la pantorrilla izquierda, le mataron dos caballos y logró traer prisionero al Coronel Director de Ingenieros; el 16 fue a cubrir los vados de Évora; el 19 fue batido en los campos de Santa Engracia retirándose con el resto de la caballería a Portugal; el 20 pasó con pliegos a Badajoz para el Gobernador Menacho [Rafael] volviendo con la contestación; el 1º de Marzo volvió otra vez aunque con mucho trabajo logró entrar y salir de la plaza con igual encargo; el 4 hizo un reconocimiento con seis Tiradores en el pueblo de Montijo en donde había una descubierta enemiga de la que hizo siete prisioneros, ahogándose dos en el río; el 6 por la noche les quitó y quemó la barca que tenían frente de Talaverilla; el 8 pasó a Mérida; el 11 hizo un reconocimiento sobre Villafranca [de los Barros] cogiendo 54 prisioneros con sus caballos y 10 muertos; el 13 pasó a establecerse en los Santos de Maimona; el 14 fue atacado por el Coronel Vinot [Gilbert Julien] con 500 caballos y habiendo dado parte al Mariscal Beresford [William] que convenía retirarme por sus superiores fuerzas, le contestó sostuviese aquel puesto lo que pudiese que sería socorrido por dos Escuadrones ingleses, lo que se verificó haciendo prisioneros al enemigo 250 hombres con sus caballos, un Teniente Coronel y cinco Oficiales; el 15 en el desalojamiento de los enemigos de Usagre; el 16 en el de los de Villagarcía [de la Torre] y en su retirada hasta Fuente del Arco; el 18 en los de Valverde [de Llerena] y ¿Azuaga?; el 20 a los de Guadalcanal, siendo atacado todos estos días por mañana y tarde; el 29 fue desalojado de Guadalcanal por 7.000 infantes y 1.200 caballos con su artillería retirándose a Casas de Reina; en 3 de Mayo fue acometido por el General La Tour-Maubourg [Marie Victor] con toda su caballería y siendo reforzado por el Regimiento de Caballería de Borbón se volvieron a Guadalcanal; el 5 lo fue en las inmediaciones de Casas de Reina; el 7 lo fue igualmente por todas las fuerzas enemigas que ocupaban Guadalcanal retirándose a Villagarcía; el 15 también lo fue por 5.000 infantes y 2.500 caballos y 30 piezas de Artillería, habiendo recibido orden para que hiciesen más lenta su marcha, logrando tardasen hasta los campos de La Albuera desde las cuatro de la mañana hasta las cuatro de la tarde, por lo que mereció le diese las gracias el Mariscal Beresford; el 16 fue atacado y reforzado por las guerrillas del Cuerpo Expedicionario hasta las 10 de la mañana que empezaron a maniobrar las grandes masas, habiendo sido el 1º que cargó a los enemigos en el acto de llevarme una porción de prisioneros ingleses rescatándolos; el 18 hizo tres reconocimientos sobre el campo enemigo donde tomó algunos prisioneros y entre ellos al Coronel Borbón, siguiéndolos en su retirada a la Solana [de los Barros]; el 19 hizo un reconocimiento sobre dicho pueblo y fue rechazado por toda la caballería enemiga; el 20 hizo otro reconocimiento sobre Aceuchal y también fue rechazado hasta [el río] Guadajira, siguiéndoles en su retirada hasta las alturas de Bienvenida; el 24 sostenido por la caballería inglesa y española atacó a los enemigos habiéndolos desalojado de dichos puntos y matándoles su caballería; el 25 fue atacado a las inmediaciones de Villagarcía [de la Torre] y obligado a retirarse al otro lado de la Ribera de Usagre, donde paró una Brigada de Dragones que fue deshecha por los Tiradores y dos Escuadrones ingleses, haciendo 200 prisioneros, 14 Oficiales y un Coronel, por lo que mereció se le diesen las gracias en la orden general, y se le condecorase con el grado de Coronel; el 2 de Julio [posiblemente junio]se vio obligado a retirarse a Villafranca [de los Barros], siguió la retirada del Ejército hasta los campos de Yelbes batiéndose continuamente en los días 5, 6, 7 y 8 quedándose cubriendo la línea del Caya [río] y siguiendo el movimiento de la caballería española con la que asistió al sitio de Niebla; el 25 de Julio en la acción de Torremocha en que le mataron su caballo; el 28 y 30 en el desalojamiento de los enemigos de Arroyo del Puerco en donde le mataron tres caballos; en 30 de Septiembre sostuvo la retirada de la caballería desde Cáceres a Brozas; el 5 y 7 de Octubre en el 
reconocimiento de Arroyo del Puerco y Malpartida; el 20 fue atacado y sostuvo la retirada hasta Salorino; el 26 en el desalojamiento de Cáceres; el 28 en la rendición de Arroyomolinos [de Montánchez] donde le mataron su caballo; el 29 los persiguió en su retirada y les cogió 54 prisioneros en los olivares de Mérida; en 1º de Noviembre recibió orden de sostener la retirada del Ejército español e inglés habiendo estado mandando los Tiradores y puestos avanzados hasta el 31 de Enero de 1812 en cuyo mes pasó al Regimiento Provisional con el mismo mando”.

“En 5 de Abril hizo el reconocimiento sobre Sevilla y en la acción de Espartinas; en 22 de mayo fue atacado en la villa de Ribera [del Fresno] por el General Allemand [Joseph Nicolas] y recibió dos balazos, uno poco más debajo de la tetilla derecha que le pasó la espaldilla y el otro en el brazo derecho; el 20 de Junio sosteniendo la retirada desde Zafra a Santa Marta siendo atacado en diferentes puntos manteniendo su posición; en 1º de Julio en la acción de Santa Marta; en 6 y 15 en desalojar a los enemigos de Usagre, Ahillones y Berlanga; en 21 se quedó a socorrer la retirada del Ejército español e inglés sobre Ocaña defendiendo los vados del Tormes, habiéndose hallado en las acciones de Salamanca, Matillas [de los Caños] y San Muñoz, en donde libertó un Batallón de infantería inglés en el paso del río, siguiendo su retirada hasta Ciudad-Rodrigo”.

“Fue nombrado Comandante de Escuadrón de Húsares de Galicia en 21 de Julio de 1813 en la batalla de Vitoria; el 25 [estuvo] en el encuentro con los enemigos en la villa de Mondragón. Pasó a continuar sus servicios a la Real Brigada de Carabineros el 16 de Mayo de 1814…”.

Como resumen podemos reseñar que en su hoja de servicios consta que fue nombrado cadete en el regimiento de Dragones de Almansa con antigüedad de 15 de octubre de 1803; alférez graduado con la de 24 de diciembre de 1808; alférez con la de 16 de marzo de 1809; teniente graduado de con la de 30 de mayo de 1809; teniente con la de 14 de junio de 1809; capitán graduado con la de 18 de octubre de 1809; teniente coronel graduado con la de 24 de diciembre de 1810; capitán con la de 7 de mayo de 1811; coronel graduado con la de 26 de mayo de 1811; comandante de escuadrón con la de 30 de noviembre de 1812; pasando con dicho empleo al Depósito General de Caballería el 1 de octubre de 1813 y como capitán del regimiento de Carabineros Reales el 16 de mayo de 1814. Comprendemos, no obstante, lo apretado y confuso del relato, pero nos ha parecido de interés respetar su redacción original, que solo hemos alterado para hacer unas mínimas aclaraciones que ayudasen a su comprensión, porque demuestra no solo la sobriedad del estilo militar, sino que además mezcla sin apenas distinción pequeños hechos de armas con grandes batallas, puesto que al fin y al cabo lo que realmente importaba al hacer estas relaciones era la participación en ellas del protagonista. De la misma forma, nuestro biografiado, compendiaría en unas breves líneas su participación en otra guerra, nuestra primera guerra civil. Por ello hemos entendido que debemos dedicarle unas líneas.

Es opinión unánime, que la política de Fernando VII durante el período conocido como el Sexenio Absolutista fue un auténtico fracaso, pues defraudó las esperanzas depositadas en él por la mayoría de los españoles de cualquier tendencia política. Sin embargo, solamente nos interesa destacar ahora que sería en este período cuando se iniciaron o generalizaron los llamados pronunciamientos, tan característicos del siglo XIX español, protagonizados fundamentalmente por militares, habitualmente masones, que descontentos con la situación creada tras el regreso del rey, utilizaron la vía armada como única posible o al menos la más eficaz, para intentar cambiar el signo político del momento intentando restablecer por la fuerza la Constitución de Cádiz. No quiere decir esto que esos movimientos sediciosos fuesen los únicos actos conspirativos contra Fernando VII, pues durante todo este tiempo, los liberales, que nunca se resignaron a su derrota, desarrollaron una oposición constante y más o menos clandestina a su gobierno, pero entendemos que por su trascendencia debemos centrarnos en ellos, aunque solo sea resumiendo y mucho, los dos últimos; el primero porque sería preludio del segundo y éste, porque sería el que después de tantos intentos fallidos finalmente tendría éxito.

El pronunciamiento llamado del Palmar del Puerto (Puerto de Santa María. Cádiz) lo protagonizaría el ejército expedicionario de Ultramar el 8 de julio de 1819, encontrándose entre sus principales instigadores Antonio Alcalá-Galiano y Fernández de Villavicencio y Francisco Javier Istúriz Montero con el consentimiento, al menos inicialmente, del jefe de aquel ejército conde de La Bisbal. En su dirección estuvieron también involucrados, entre otros, el ex diputado doceañista por Córdoba José Moreno Guerra, el marqués de Campoverde, el brigadier Demetrio O’Daly de la Puente, los coroneles Bartolomé Gutiérrez Acuña, Felipe del Arco-Agüero y Yalif y Antonio Rotten, así como el teniente coronel José Grases. Sería abortado el mismo día en que iba a concretarse por la intervención del mariscal de campo Pedro Sarsfield, quien se había introducido en la trama y obligado al conde de La Bisbal a traicionar a los que antes habían sido sus colaboradores. Sin embargo, la pusilanimidad del Gobierno en la represión consiguiente y la actitud pasiva que ante lo ocurrido en el campo del Palmar adoptaron los implicados, permitiría que sobreviviese la mayor parte del epicentro de la conspiración, gracias también a que el conde de La Bisbal no estaba dispuesto a destaparla en toda su extensión, lo que posibilitó que los conjurados prosiguieran sus trabajos que, finalmente, triunfarían tras un nuevo pronunciamiento de parte de las tropas de aquel ejército expedicionario, que tuvo esta vez su inicio el día 1 de enero de 1820 en la sevillana Cabezas de San Juan. Entre sus principales protagonistas, además de los ya citados en el pronunciamiento del Palmar, hay que incluir a Juan Álvarez Mendizábal, a los coroneles Antonio Quiroga y Hermida y Nicolás de Santiago Rotalde y a los comandantes Miguel López-Baños y Monsalve, Rafael del Riego Núñez y a los hermanos Santos y Evaristo San Miguel Valledor. Su triunfo también se vería facilitado porque el Gobierno nunca tuvo claro en que militares confiar, empezando por el que debía haber controlado inicialmente la situación, el general Freire, a quien ya el día 3 de enero las autoridades de Sevilla habían entregado el mando de las tropas encargadas de aplastar a los insurrectos, mando que él inicialmente rechazó hasta que el día 6 de ese mismo mes le llegó una real orden que no le dejó alternativa y aceptó. Freire, sin embargo, nunca buscó el enfrentamiento con los sublevados, ambigüedad que menoscababa la autoridad de un Gobierno que, a pesar de ello, tampoco se decidió a dar el mando al general Francisco Javier Elío cuando éste se ofreció a terminar con el pronunciamiento. Además de la indecisión, el ocultismo con que se trataron los hechos que, al contrario de lo que se pretendía, les dio mayor importancia de la que realmente nunca tuvieron, decidió a otras guarniciones a sumarse al levantamiento: el 21 de febrero se proclamaría la Constitución por la guarnición de La Coruña, seguida por las de El Ferrol y Vigo. El conde de La Bisbal a quien, ingenuamente, se había encargado de organizar un ejército en La Mancha para oponerse al avance de los insurrectos, la proclamó el 4 de marzo. Luego vinieron los pronunciamientos de las guarniciones de Zaragoza (5 de marzo), Barcelona (10 de marzo) y Pamplona (11 de marzo), dando al golpe la trascendencia que inicialmente, como dijimos, no había tenido. La solución de Fernando VII fue propia de su personalidad y ya el día 10 de marzo, cuando seguramente todavía estaba a tiempo de reconducir la situación, se sumaba, sin mucho entusiasmo claro está, a la nueva situación dejando para la historia la famosa frase con la que daba comienzo el llamado Trienio Liberal: “Marchemos francamente, y Yo el primero, por la senda constitucional.

No nos cabe duda de que, la decisión de Fernando VII, dejaría perplejos a los realistas por muy defraudados que estuviesen con él. ¿Qué debían hacer?, ¿levantarse contra su propio rey? Si la determinación de abandonar familia y bienes para lanzarse a una aventura de dudoso resultado y en la que además te juegas vida y hacienda nunca es fácil, parece evidente que cuando ni tan siquiera se tiene claro quién es el enemigo a quien debes enfrentarte o la legitimidad de tu decisión, aún debe ser más mucho más difícil. No obstante, tarde o temprano la nueva situación, impuesta por la fuerza, tenía que producir la inevitable reacción, aunque dadas las circunstancias tardaría en generalizarse, lo que además solo sucedería de forma lenta y desigual a lo largo de toda nuestra geografía según el ambiente que se vivía en cada aldea, pueblo, villa o ciudad y la compleja situación general y del entorno más inmediato lo permitía y los realistas se iban convenciendo de que el rey era un simple rehén en el nuevo sistema. Los primeros conatos, sin embargo, fueron casi inmediatos, creándose progresivamente un clima de guerra civil, una guerra que asolaría nuestra geografía durante tres años. Podemos ahora volver a la hoja de servicios de nuestro biografiado.

Recordemos que le habíamos dejado ocupando su destino de capitán en la Brigada de Carabineros Reales. Relataba a continuación que permaneció en él:

“(…) hasta el 22 de Julio de 1821 que obtuvo su retiro a dispersos para la villa de Osuna conforme al Reglamento de 1810 y habiendo sido confinado a la ciudad de Sevilla de orden de su Comandante general, tomó el partido para evitar más persecuciones, de emigrar a Francia, abandonando su familia e intereses, para unirse a las filas realistas, consiguiéndolo después de inmensos trabajos y exposición de su vida en un naufragio tenido en el golfo de León, incorporándose a las órdenes del Teniente General D. Francisco Eguía que lo era de aquel Ejército. Fue nombrado Ayudante de la Junta Provisional de Gobierno creada en Oyarzun y reconocida por su Alteza Real el Serenísimo Sr. Duque de Angulema”.

Pero antes de continuar, entendemos que esta etapa de la historia de España también merece una breve explicación. Por iniciativa del zar Alejandro I, en París el día 26 de septiembre de 1815, se firmaría un tratado entre éste, Francisco I de Austria y Guillermo III de Prusia. Aunque se trataba de un acto de naturaleza política, el objeto del pacto era fundamentalmente religioso. Los tres monarcas declararon su firme resolución de utilizar como única regla de su gobierno, tanto en asuntos internos como externos, los principios de la religión cristiana. Y como consecuencia declaraban su mutua fraternidad, por la cual no solamente se abstendrían de guerrear entre sí, sino que se apoyarían y guiarían sus asuntos y sus ejércitos en la misma forma. Clemente de Metternich, despojaría aquel acuerdo de todo sentido religioso y reconduciría la situación a lo estrictamente político, consiguiendo que el día 20 de noviembre de 1815 se firmase un nuevo tratado en el que entraría también Inglaterra, motivo por el que pasaría a ser conocido como la Cuádruple Alianza, que inicialmente se debe entender como un pacto de seguridad frente a Francia, aunque la consolidación en el trono de Luis XVIII, permitiría que terminase por convertirse exclusivamente en un instrumento para intentar evitar una nueva guerra europea. En su artículo sexto se preveía la celebración de conferencias periódicas, siendo en el llamado Congreso de Aquisgrán, en 1818, cuando Francia se adhiriese al tratado, ya con el innegable objeto de intentar garantizar el mantenimiento de un determinado orden político internacional, previendo incluso la intervención militar, aunque Inglaterra siempre evitaría compromisos de ese tipo, para reprimir cualquier intento de alterar la situación política de la llamada Europa de la Restauración. Los principales congresos que se celebraron después del de Aquisgrán, serían los de Troppau (1820), Liubliana (1821) y Verona (1822). En este último, Austria, Francia, Prusia y Rusia trataron la cuestión 
española y se planteó la intervención militar en nuestra patria en apoyo de la plena soberanía de Fernando VII. Recordemos que el triunfo constitucionalista en España en 1820 había tenido secuelas en Europa, pues en su imitación se habían proclamado constituciones similares a la española en Nápoles, Piamonte y Portugal, por lo que la preocupación de las potencias conservadoras iba más allá del problema español. De hecho, tras el Congreso de Troppau, la Santa Alianza sofocó los sistemas constitucionales de Nápoles y el Piamonte, por lo que en 1823 solamente subsistían en España y Portugal. Parece ser, sin embargo, que como pasaba el tiempo sin que se concretase actuación alguna, más que posiblemente por la influencia o pasividad de Metternich, fue François René vizconde de Chateaubriand ministro de Asuntos Exteriores de Francia quien tomó la decisión de convencer a Luis XVIII de la necesidad de intervenir en España. Y lo consiguió.

Así, el día 7 de abril de 1823 entraba en nuestra patria, cruzando el río Bidasoa, bajo el mando de Luis Antonio de Borbón, duque de Angulema y hermano del rey francés, el ejército llamado de “Los Cien Mil Hijos de San Luis”. Con ellos, también entraron en España un importante contingente de realistas españoles que se habían ido reuniendo al otro lado de nuestra frontera, cuyo número se iría incrementando paulatinamente con los de aquellas zonas próximas a los lugares por donde avanzaban los distintos cuerpos del ejército galo y que, en su conjunto, pudo aproximarse a los 35.000 o quizás 40.000 hombres que constituirían el que se llamó ejército de la Fe. De hecho, el primero en cruzar la frontera por Behobia, donde las fuerzas gubernamentales y algunos republicanos franceses, hicieron un simulacro de resistencia, sería el general español Vicente Genaro de Quesada. Comenzaba así la última etapa de aquella guerra civil, conocida como guerra de la Constitución.

Dos días después de la entrada en España del ejército mandado por el duque de Angulema, es decir el día 9 de abril, se establecería en la guipuzcoana Oyarzun la llamada “Junta Provisional de Gobierno de España e Indias” organizada previamente, el día 6, en Bayona y que debía estar compuesta por el teniente general Francisco Ramón Eguía y López de Letona, que actuaría como presidente; el mariscal de campo barón de Eroles; el académico Juan Bautista de Erro y Azpiroz y el abogado Antonio Gómez Calderón. Esta Junta debía asumir la máxima representación de la nación mientras que Fernando VII no fuese “liberado” de los revolucionarios que le controlaban.

Tras haber dejado bloqueada San Sebastián, en la que había dejado una numerosa guarnición el teniente general gubernamental Francisco López Ballesteros, al que se había dado el mando del ejército encargado de impedir la entrada de los franceses, el duque de Angulema entraría el día 11 en la guipuzcoana Tolosa, desde donde se pondría nuevamente en movimiento el 13 para establecer el 17 su cuartel general en Vitoria, ciudad a la que accedería sin necesidad de combatir tras la retirada de López Ballesteros. Allí, Luis Antonio de Borbón con su estado mayor, diseñaría su plan de actuación. El día 5 de mayo, saldría el duque de Angulema de la ciudad de Vitoria para entrar el 9 en la de Burgos. Tras él entraría en aquella capital la Junta Provisional de Gobierno. Después de una estancia de cuatro días en la capital burgalesa, Luis Antonio de Borbón proseguiría su avance hacia Madrid, ciudad en la que entraría diez días después, el 23. Sin embargo, la Junta presidida por Eguía permanecería aún durante varios días más en Burgos, hasta que emprendiese también el camino de Madrid donde se instalaría el día 26 de mayo y donde ejercería su elevada función hasta la constitución, el día 4 de junio, de la Regencia que habría de gobernar el reino y que presidiría el duque del Infantado. Teniendo que deducir que nuestro protagonista acompañó en este viaje a la Junta hasta su llegada a Madrid y que su ascenso a brigadier de caballería, que tiene antigüedad de 12 de mayo de aquel año, debe estar necesariamente ligado a aquel viaje. Anotaba también en su hoja de servicios: “En 30 de Junio de 1823 fue nombrado Gobernador del Puerto de Santa María…. Para completar tan concisa reseña, anotaremos que, en su rápido avance, el ejército realista franco-español tomó el Puerto de Santa María el día 24 de junio de 1823, por lo que hemos de deducir que, una vez asegurado tan importante punto estratégico, pues desde allí se atacaría Cádiz donde estaban refugiadas las Cortes y preso Fernando VII, se iniciarían el acondicionamiento de las posiciones y la normalización administrativa, recibiendo nuestro protagonista el gobierno militar de la plaza en la fecha reseñada, aunque entendemos que sería entonces cuando saldría de Madrid para tomar posesión de su cargo, pues en su hoja de servicios no se recoge su participación en acción militar alguna. En cualquier caso, debemos anotar que el 7 de julio llegaría al Puerto el duque de Angulema, iniciándose entonces el ataque a Cádiz, que finalmente habría de capitular, dejando en libertad a la familia real que desembarcaría en el Puerto de Santa María el día 1 de octubre de 1823, dando paso a los últimos estertores de aquella guerra. Nuestro biografiado, testigo de aquellos acontecimientos, tal y como anotaba, seguiría desempeñando su cargo “hasta el 15 de Junio de 1828 con residencia en Sevilla. Y ahí acababa su hoja de servicios, en la que se anotaba que era caballero de la Real y Militar Orden de San Fernando, condecorado con las cruces de distinción del Norte, Albuera, 5º Ejército, Arroyomolinos [de Montánchez] y Lugo.

Desde Sevilla, debió pasar a Madrid, donde sabemos que fue nombrado gentilhombre de Fernando VII, imaginamos que llevando una vida acorde con tan brillante cargo hasta que empezaron las persecuciones contra todos aquellos sospechosos de “carlismo”. Anotaban Francisco Asín y Alfonso Bullón de Mendoza:

“El 27 de marzo de 1834 es detenido en Madrid el brigadier de caballería Juan Antonio de Soto y Herrera, gentilhombre del infante Don Carlos, al que se acusa de tratar de escapar a Portugal al frente de un grupo de 16 o 18 oficiales. Tras un juicio lleno de irregularidades (se le negó el derecho de elegir defensor y se le impuso uno que no le defendió), fue condenado a ocho años de confinamiento en un presidio de África, o sea, dos más de los que había pedido el fiscal, y la pérdida de todos sus grados y condecoraciones. El 26 de junio del 34 escribió una exposición a la Reina negando los cargos que se le imputaban (aunque casi deja entrever que era cierto que se iba a fugar a Portugal) y pidiendo que su proceso fuera sometido al tribunal supremo de guerra, a lo que no se accedió, dándose el 31 de julio las órdenes necesarias para que saliera con la primera cadena de presos que se dispusiese”.

Pero Soto no llegaría a salir de las prisiones madrileñas donde fallecería el día 8 de agosto de 1834.

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[1] Vicente de CADENAS Y VICENT: Caballeros de la Orden de Santiago que efectuaron sus pruebas de ingreso durante el siglo XIX. Revista Hidalguía. Madrid, 1993.
[2] Alberto MARTÍN-LANUZA MARTÍNEZ: Diccionario Biográfico del Generalato Español. Reinados de Carlos IV y Fernando VII (1788-1833). Foro para el Estudio de la Historia Militar de España. Villatuerta, 2012.
[3] Juan PRIEGO LÓPEZ: Guerra de la Independencia (1808-1814), tomo II. Librería editorial San Martín. Madrid, 1972 (p. 373).
[4] Ibid., tomo II, pp. 374 a 375.
[5] El mayor de los tres estrechos marinos que conectan el mar del Norte con el mar Báltico, siendo los otros dos el Pequeño Belt y el Sund, conocidos en su conjunto como los estrechos daneses. El Gran Belt separa las principales islas danesas de Selandia y Fionia.
[6] Juan PRIEGO: óp. cit., tomo II, p 377.
[7] Ibid., tomo II, p. 379.
[8] Kindelán se pasaría a los franceses, abandonando a sus tropas.
[9] Sus jefes, brigadier Luis Delevielleuze, coronel del regimiento de Asturias y coronel Vicente Martorell del regimiento de Guadalajara, les distribuyeron por compañías entre las diversas localidades del centro de la isla, bajo la vigilancia de las tropas danesas. Descubiertas unas cartas del marqués de La Romana a dichos jefes, sin firmar, aconsejándoles que tomasen alguna plaza fuerte, fueron desarmados y conducidos a Copenhague donde fueron encerrados, para posteriormente ser entregados a los franceses que les condujeron a su país, obligándoles a combatir bajo sus banderas. Solo unos pocos, tras la campaña de Rusia, conseguiría volver a España.
[10] Juan PRIEGO: óp. cit., tomo II, p. 387.
[11] Fueron según la documentación oficial 5.175, pertenecientes a los regimientos de Asturias y Guadalajara, los desarmados en Sealand; al regimiento del Algarbe, desarmado en Jutlandia; dos compañías de granaderos, una del regimiento de Zamora y otra del regimiento de la Princesa y dos secciones de caballería, una del regimiento del Rey y otra del Infante, que formaban parte de la guardia de honor de Bernadotte, los que se encontraban en el depósito de la división en Altona y varios oficiales que habían ido a una celebración en Hamburgo. Casi todos trasladados a campos de concentración en Francia, hasta que aceptaron combatir en el ejército organizado por Kindelán en Aviñón para defender a José Bonaparte.
[12] Narciso DÍAZ ROMAÑACH: “Tropas españolas en el Báltico” en Revista de Historia Militar núm. 53. Servicio Histórico Militar. Madrid, 1982.
[13] No nos es posible narrar las marchas de aquellas tropas primero a Vizcaya, luego a Galicia, Salamanca y Extremadura.
[14] Su grado de alférez tenía antigüedad de 24 de diciembre de 1808 y el empleo de alférez efectivo la de 16 de marzo de 1809.
[15] Decisiva victoria obtenida el día 18 de octubre por el ejército español a las órdenes de Gaspar María de Nava y Álvarez de Noroña, duque del Parque, sobre el francés mandado por el general jean Gabriel Marchand.
[16] Pedro de Alcántara Téllez-Girón y Pimentel, jefe de la caballería.
[17] Puentes obre el río Alagón en la provincia de Cáceres.
[18] En realidad, pone Fuente del Maestre, pero tiene que ser un error.
[19] También llamado de la Azagala. En la sierra de San Pedro, entre Villar del Rey y Alburquerque.
[20] Imaginamos que los del río Zapatón.
[21] Entendemos que se refiera al puente de Ajuda, en la comarca de Olivenza y en la frontera con Portugal o el de Las Palmas en Badajoz que daba paso al camino de Elvas.
[22] En las afueras de Badajoz.
[23] La plaza estaba sitiada por el mariscal Soult desde el día 11 de febrero.
[24] La batalla de La Albuera tuvo lugar el 16 de mayo de 1811, enfrentándose el ejército anglo-luso-español a las órdenes de Beresford, Francisco Javier Castaños, Francisco Ballesteros y José Pascual de Zayas al francés dirigido por Nicolas Jean de Dieu Soult y Jean Baptiste Girad, en un combate equilibrado, pues ambos ejércitos tuvieron alrededor de 7.000 bajas cada uno, aunque en el orden táctico se pueda considerar una victoria aliada.
[25] Se refiere al conde François Louis Joseph de Bourbon-Busset, que en realidad era comandante del 27º escuadrón de Cazadores a Caballo. Tras la guerra, sería nombrado coronel ayudante de la Gendarmería del Rey, llegando a ser teniente general con Carlos X.
[26] Fueron enviados en apoyo del general Joaquín Blake que sitió el castillo de Niebla, regresando luego a la línea del Caya a las órdenes de Wellington.
[27] Hoy Arroyo de la Luz.
[28] Río Huebra.
[29] Archivo General Militar de Segovia. Expediente personal del brigadier Juan de Soto.
[30] En la época era normal recibir una graduación superior sin haber obtenido la efectividad en el empleo inferior.
[31] La Brigada de Carabineros contó desde el principio con privilegios similares a las tropas de la Casa Real. En 1732, se estableció que su jefe ostentará el empleo de brigadier; el segundo de coronel; el sargento mayor de teniente coronel con mando de escuadrón, y los ayudantes de capitán. A los sargentos se les otorgó el sueldo de alférez de caballería y a los carabineros el de sargento. Cuatro años después se concedió, además, el grado de teniente coronel a los capitanes y el de capitán a los tenientes. El 4 de enero de 1742 se le concedió oficialmente el título de tropas de la Casa Real. El 23 de ese mismo mes se dispuso que tanto los Carabineros como los Granaderos Reales hicieran los mismos saludos y toques que los que realizaban los Reales Guardias de Corps.
[32] Se denominó Ejército Expedicionario de Ultramar al cuerpo expedicionario que se mandó formar cuatro años antes, el 9 de mayo de 1815, para restaurar la soberanía de Fernando VII en los territorios rebeldes de América. A finales de 1816 se había reunido en los alrededores de Cádiz, en cuya bahía fondeaba la escuadra que le serviría de transporte. Los avisos de que estaba muy próximo su embarque, facilitó el trabajo de los agentes revolucionarios.
[33] Teniente general Enrique José O’Donnell y Anethan.
[34] Teniente general Luis María González de Aguilar y Torres de Navarra.
[35] Teniente general Manuel Alberto Freire de Andrade y Armijo.
[36] Teniente general Francisco Javier Elío y Olóndriz.
[37] Manifiesto a la Nación de Fernando VII, publicado en la Gaceta Extraordinaria de Madrid núm. 37 (domingo, 12 de marzo de 1820). La Jura de la Constitución lo fue en la Gaceta Extraordinaria de Madrid núm. 31 (miércoles, 8 de marzo de 1820).
[38] El que por fuerza o voluntariamente se separaba del servicio sin estar sujeto a ningún cuerpo y residiendo en la población que eligiese, cobrando solamente una parte de sus haberes.
[39] AGMS. Expediente personal del brigadier Juan de Soto.
[40] Klemens von Metternich, conde y luego príncipe de Metternich-Vinneburg, fue ministro de Asuntos Exteriores del Imperio Austriaco desde 1809, cargo que simultáneo como el de primer ministro desde 1821.
[41] Hemos de deducir que su postura se debió a la poca simpatía que tenía por Fernando VII y su política. Más adelante cuando se desatase en España la primera guerra carlista, su postura fue igualmente equivoca, pues su gobierno apoyaría a D. Carlos suministrándole algunas sumas de dinero, pero nunca de una forma abierta y decidida. Actitud que solamente se explica por las sustanciales diferencias que se anunciaban en el Carlismo frente al estatismo del de Coblenza.
[42] TORRE DEL RÍO, Rosario de la: “El falso tratado secreto de Verona de 1822” en Cuadernos de Historia Contemporánea núm. 33 (pp. 277 a 293). Universidad Complutense. Madrid, 2011.
[43] Joaquín Ibáñez-Cuevas y Valonga.
[44] Fue retirándose, sin ofrecer resistencia relevante al avance francés, hasta el combate que sostuvieron el día 28 de julio en Campillo de Arenas (Jaén). Tras su resultado se vio obligado a capitular el 4 de agosto.
[45] Pedro de Alcántara Álvarez de Toledo y Salm-Salm.
[46] AGMS. Expediente personal del brigadier Juan de Soto.
[47] Las tropas que tomaron el Puerto de Santa María fue la brigada mandada por el teniente coronel Luis Fernández de Córdova y Valcárcel. Dos días después llegaban las tropas francesas del mando del general jean François barón de Bourgoing, que inicialmente tomó el gobierno.
[48] AGMS. Expediente personal del brigadier Juan de Soto.
[49] Francisco Asín y Remírez de Esparza y Alfonso Bullón de Mendoza y Gómez de Valugera: Carlismo y Sociedad, 1833-1840. Aportes XIX. Zaragoza, 1987 (pp. 87 a 88).
José Antonio Gallego
Funcionario de Carrera, Historiador carlista y colaborador de la A.C.T. Fernando III el Santo